Muchas de las acciones del presidente, ílvaro Colom y de su gobierno, hacen recordar la fábula de las ovejas. Mientras el zacate crecía y verdecía, las ovejas se morían de hambre. Eso es lo que está ocurriendo en Guatemala. No hay duda que la brecha entre los que tienen mucho de todo, y los que no tienen nada, cada día se profundiza más. Además de las debilidades crónicas de los servicios de educación y salud, ahora hay que añadir la pérdida del poder de compra de la moneda. Frente a la carestía de la vida, las medidas anunciadas por el gobernante no son más que «parches improvisados» como las calificó, recientemente, el columnista don Ricardo Rosales Román, cuya aceptación o rechazo está en manos de las cúpulas empresariales. El cacareo de los llamados «precios acordados» confirma la sumisión u obediencia del gobierno a los intereses de la clase dominante.
Y a todo lo anterior ahora se agrega la imprudente decisión del alcalde, ílvaro Arzú, de ahorcar a los vecinos de la capital con un grosero aumento solapado del IUSI, Impuesto Sobre Inmuebles, al comenzar a revaluar las propiedades con un incremento de más del mil por ciento como ha ocurrido con viviendas cerca de la Terminal en la zona 4. Aún cuando la facultad de modificar los tributos, es una atribución exclusiva del Congreso, el Alcalde está haciendo su voluntad sin importarle la crisis económica que agobia a la población.
Resulta preocupante que mientras el pueblo se hunde en la pobreza, tanto el Presidente como el Vicepresidente de la República no desperdician oportunidad para derrochar los fondos públicos en viajes inútiles al extranjero, cuando deberían ser el ejemplo de una verdadera política de austeridad. No ponemos en duda que algunos de los viajes pueden ser importantes para fortalecer las relaciones internacionales, pero en época de vacas flacas, debe haber prioridades. Por otra parte, tampoco es el momento adecuado para promover la construcción de un nuevo edificio del Congreso de la República con una cuantiosa inversión, pues antes deberían atenderse necesidades urgentes como las de muchas escuelas que no tienen techo y otras en las que los niños carecen de pupitres, por lo que reciben sus clases en el suelo o sentados en blocks. La millonaria campaña propagandística para promover los supuestos logros del gobierno, también es una ofensa para la pobreza del pueblo.
Sin embargo, pareciera que el Presidente y sus colaboradores, así como su aliado político el alcalde Arzú, no están conscientes que el país puede «tronar», pues estamos ante el grave peligro de un estallido social y que lo que están haciendo es «apagar» el incendio echándole gasolina.