DESDE LA REDACCIí“N
Si bien no se trata de algo exclusivo del país debido a los movimientos económicos extranjeros, en los últimos días se han dejado sentir los efectos de la problemática de la carestía de la vida en Guatemala.
eswinq@lahora.com.gt
En los medios de comunicación ha irrumpido la noticia de los estragos generados por el precio de las cosas de uso común. Acá vale la pena entretenernos en lo que significa este momento para el país.
Por tal razón, es de reconocer que el principio de la carestía se convierte, fundamentalmente, en un fenómeno monetario lo que va definiendo el ritmo de equilibrio para la economía de todas las clases, en donde la clase obrera sale mayormente lastimada.
Este gobierno arrancó su mandato en medio de la escalada general de precios y el impacto de un petróleo que lo que menos piensa es en bajar. Así, subió el petróleo, subió el diésel, subió el transporte, y cada uno de los derivados que depende de ello. Todo sube, salvo el salario para paliar esta crisis, y si no mejoran las condiciones no vendrán tiempos mejores. Hay quienes se han animado a pronosticar un estallido social sin precedentes. El guatemalteco de a pie tiene menos ingresos y menos poder adquisitivo.
Pagar, por ejemplo, Q4.25 por un pasaje urbano, es irracional. Incrementarle el 300% de gasto en transporte, desbalancea la quincena de cada hogar.
En medio de un país tan desigual como el nuestro, el fenómeno de la carestía de la vida, viene a constituirse en un verdadero y pesado problema.
Sólo la semana pasada se ha dejado sentir el incremento exagerado de precios, aún cuando el Gobierno estableció los precios de tres productos básicos (las partes negras del pollo incluidos).
Es importante señalar que la carestía en Guatemala es un verdadero problema para cientos de miles de personas, quienes están sintiéndose en aprietos económicos para alcanzar llegar a cada fecha de pago.
El crecimiento económico queda detenido, es más, cabe la posibilidad de que estos ciudadanos hagan caída libre al pozo de la pobreza.
Es pertinente que se haga algo al respecto. En manos de la administración pública está generar condiciones para que la bofetada sea menos dolorosa y se pase este tiempo de vacas flacas con los ánimos monetarios bien oxigenados.
El Estado tiene que estudiar y ejecutar políticas que no solamente le den solución a la coyuntura económica sino se encaminen a lo estructural, pues son la base de esta asfixia a la clase trabajadora, para que el agua no nos llegue hasta el cuello.