A la mayoría de personas le preocupa la hambruna que se cierne lúgubremente sobre la Tierra.
Debemos pensar que el fondo de la preocupación se debe a la supuesta proximidad del agotamiento petrolero, pero ¿Será esta una verdad verdadera o será ésta una verdad a medias, como otras que se han divulgado universalmente para poner a la humanidad al borde del histerismo y que las transnacionales obtengan inimaginables e inescrupulosas ganancias?
A finales de los setentas también corrió la bola globalmente que el petróleo únicamente tardaría unos pocos años en agotarse y no fue más que una mentira para subir el precio mundial al petróleo. Otra gran mentira fue sobre el armamento químico y nuclear en manos de Saddam Hussein en Irak. Aunque esta mentira si trajo enormes ganancias para algunos, también trajo monstruosas catástrofes para la humanidad entera y un enorme desprestigio universal y tragedias locales para los ciudadanos del país que allí realizó la guerra.
El aumento de los precios de los productos alimenticios, multiplicadamente aumentados debido a inundaciones y sequías producidas por el evidente cambio climático contiene una enorme dosis de especulación, en virtud de que los aumentos escaparon de toda proporción real, condenando a los paupérrimos del planeta a la desnutrición crónica y a morir literalmente de hambre.
Como lo denuncia Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC, casi con seguridad puede pensarse que lo que están haciendo es quitando a los Estados más débiles su soberanía alimentaria en aras de monstruosas ganancias para las transnacionales productoras de semilla y agroquímicos en general. Incluso ahora, la receta de la «ayuda alimentaria» es otra vez un apoyo encubierto a las mismas transnacionales, que tradicionalmente son quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que «caritativamente» les entregan a los hambrientos con la condición de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan.
¿Por qué cree el respetable lector que Guatemala debe importar frutas y productos agrícolas que han sido tradicionalmente producidos en el país?
Los grandes ganadores y estrellas principales como actores de la estafa global podrían ser, en muchos casos, las mismas empresas: a nivel global, Monsanto es la principal empresa de semillas comerciales y la quinta en agrotóxicos. Bayer es la primera en agrotóxicos y la séptima en semillas, Syngenta la segunda en agrotóxicos y la tercera en semillas, Dupont la segunda en semillas y la sexta en agrotóxicos. Junto
a BASF y Dow (tercera y cuarta en agrotóxicos), estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo, que casualmente es también la solución que proponen a todos los nuevos problemas (que ellas mismas han sido parte fundamental en provocar).
Junto a los que dominan más del 80 por ciento del comercio mundial de
cereales: Cargill, ADM, Con Agra, Bunge, Dreyfus; todas han tenido ganancias absolutamente impúdicas, gracias a la escasez de alimentos, la promoción y subsidios a los agrocombustibles y el alza de los precios del petróleo (los agrotóxicos son petroquímicos). Un excelente informe de Grain (El negocio de matar de hambre, http://alainet.org/active/23996), da cuenta de estas monstruosas ganancias.
¿Quiénes cree el lector que son los maestros de la estafa masiva de las rústicas cúpulas económicas en la Tierra del Quetzal?