Algo parecido a una guerra


El Gobierno de la República, presidido por ílvaro Colom, decretó la semana pasada un Estado de Prevención luego del paro del transporte pesado realizado por los pilotos, que demandaban poder transitar libremente por la ciudad en las horas pico. Colom en su momento justificó dicho estado para que el paí­s no se viera sumergido en una crisis, que según analistas, tanto civiles como gubernamentales, empezaba a afectar la economí­a nacional.


Según la ley, el Estado de Prevención le da al Gobierno la facultad de disolver grupos y manifestaciones, garantiza la libre circulación por todo el paí­s, puede intervenir el transporte, tanto colectivo como de carga, y restringe el uso y portación de armas de fuego, con o sin licencia.

Pero el lunes 12 de este mes, la población de Fraijanes amaneció en llamas debido a que propietarios del transporte urbano que presta servicios a este municipio, decidió aumentarle el precio de la tarifa en Q1.50, lo que propició un enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y habitantes de esta población. Ya haya sido por el desconocimiento de la población acerca del Estado de Prevención, o simplemente que debido a que la paciencia se agotó por tanto abuso de parte de quienes manejan el servicio colectivo, lo cierto es que los habitantes salieron a manifestar su descontento a las calles, y las fuerzas de seguridad llegaron a sitiar Fraijanes y a contener la situación.

Pero la confrontación llegó a tal punto, que un soldado miembro del pelotón antimotines del Ejército resultó herido de una pedrada; compañeros del mismo salieron en busca de quienes los habí­an atacado. A través de estrechos callejones, callejuelas y barrios que daban a barrancos alrededor de la población, los antimotines buscaban a quién detener, o mejor dicho con quién desahogarse, luego de la confrontación en la protesta.

Mientras avanzaban, dieron con una familia que se encontraba refugiada en su casa, quienes ajenos al tumulto de afuera habí­an decidido pasar la protesta resguardados. Los antimotines del Ejército amenazaron a la familia de que soltarí­an una granada de gas lacrimógeno dentro de la casa si no salí­an. Los habitantes al final se rindieron, y al salir de su hogar, fueron recibidos a batonazos y conducidos por la Policí­a Nacional Civil (PNC), quienes administraron el mismo tratamiento a los detenidos.

Excesivo uso de fuerza para detener a inocentes que no participaron en una manifestación violenta.