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De izquierda a derecha: ílvaro Uribe, presidente colombiano; Matti Vanhannen, primer ministro finlandés; ílvaro Colom, mandatario guatemalteco, y Javier Solana, canciller europeo, en una fotografí­a oficial durante la Cumbre de Lima.

Una cincuentena de mandatarios de América Latina y Europa abrieron hoy en Lima una Cumbre consagrada al calentamiento global y a la inequidad social, donde también se expresarán inquietudes sobre seguridad alimentaria y migración.


América Latina, un continente con un fuerte crecimiento económico y que sin embargo tiene los mayores í­ndices de desigualdad en el mundo, recibe a una Europa ampliada a 27 paí­ses, cuyas preocupaciones corren por el lado del calentamiento global y la crisis alimentaria.

Los jefes de Estado deben llegar a consensos en estos temas sobre los cuales sin embargo hay divergencias, particularmente en América Latina, donde hay una brecha enorme entre los modelos polí­ticos liberales y los de izquierda radical que se encolumnan tras el proyecto del venezolano Hugo Chávez.

Si para Europa, el calentamiento global está en el tope de sus preocupaciones para el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, el debate entre ecologí­a y progreso está mal enfocado, o por lo menos se hace con verdades a medias.

Esto especialmente en el tema de los biocombustibles -de los que Brasil es un lí­der mundial con su etanol de caña de azúcar- llamados a ayudar en la descontaminación, pero que obligarí­an a destinar alimentos al funcionamiento de motores.

«Quieren descontaminar el planeta, combatir el recalentamiento global, firman el protocolo de Kyoto, y cuando Brasil ofrece un combustible no emisor de CO2, prefieren usar uno que lo emite; eso es una contradicción», dijo Lula en Lima.

Los biocombustibles brasileños han levantado recelos en Europa, que teme además eventuales impactos (que Brasil niega tajantemente) en la extensión de la frontera agrí­cola en áreas protegidas de la Amazoní­a, el pulmón del mundo, que Europa quiere a toda costa que sea conservado.

Venezuela y Bolivia también han criticado los biocombustibles por el profundo impacto que puedan tener en la alimentación en el mundo.

Este caso demuestra las dificultades para los consensos que serán plasmados más tarde hoy en la declaración de Lima.

Del lado polí­tico, la Cumbre encuentra a varios de los paí­ses enfrascados en disputas que sin embargo no han tenido secuelas, por el momento, en la cita limeña.

El presidente Chávez debe enfrentar las duras acusaciones sobre presuntos lazos entre su gobierno y las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Un informe de Interpol, dado a conocer ayer en Bogotá, garantiza que no fueron alterados los documentos encontrados en computadores de la guerrilla que ligan a Chávez con las FARC, una organización considerada terrorista tanto por Estados Unidos como por la Unión Europea.

Chávez también la emprendió en los últimos dí­as contra la canciller alemana, Angela Merkel, quien se ha convertido -junto con el presidente español, José Luis Rodrí­guez Zapatero- en la lí­der natural de Europa en la Cumbre peruana.

Merkel hizo ayer un llamado a profundizar los intercambios y puso sobre el tapete la necesidad de avanzar en acuerdos europeos con aquellos paí­ses que quieran hacerlo, en clara alusión a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) donde Colombia y Perú presionan para ir en esa dirección, mientras Bolivia y Ecuador no.

En general la Unión Europea quiere reforzar sus lazos comerciales con América Latina, un continente con una explosiva expansión económica en los últimos años, gracias en gran parte a los altos precios internacionales de las materias primas.

Sin embargo América Latina tiene un récord de inequidad en el planeta, con 194 millones de pobres (36% de sus habitantes) y 71 millones de indigentes (13%).