Los representantes de la mayoría y la oposición libanesas tenían previsto viajar hoy a Doha con la esperanza de concretar el consenso negociado in extremis por Qatar y la Liga Arabe para salir de la crisis que ha puesto a Líbano en puertas de una guerra civil.
Varios días después de la violencia que en una semana causaron 65 muertos y 200 heridos, la mayoría parlamentaria antisiria y la oposición encabezada por el movimiento chiita Hezbolá, aliado de Irán y Siria, aceptaron ayer reanudar el diálogo para formar un gobierno de unión nacional.
Ambos bandos aceptaron un acuerdo de seis puntos, gracias a la mediación de Qatar, en nombre de la Liga Arabe, en Beirut.
Tras 18 meses de una crisis política que degeneró a principios de mayo en la peor violencia intercomunitaria desde la guerra civil (1975-90), el diálogo empezará hoy en la capital de Qatar, emirato del Golfo que mantiene muy buenas relaciones con la oposición libanesa.
El emir de Qatar, el jeque Hamad ben Jalifa al Thani, abrirá las conversaciones en Doha.
El acuerdo ratifica la marcha atrás dada por el gobierno frente al potente movimiento armado Hezbolá para poner fin a la violencia, por lo que existen dudas sobre la correlación de fuerzas entre ambas partes del diálogo.
Las negociaciones se centrarán en la creación de un gobierno de unión nacional y en la elaboración de una ley electoral previa a los comicios generales de 2009.
Una vez que estos dos puntos queden resueltos, la oposición levantará el campamento que mantiene en el centro de Beirut desde noviembre de 2006. Después se elegirá al nuevo presidente del país, que será el jefe del Ejército, el general Michel Sleimane.
Líbano está sin presidente desde noviembre de 2007. La candidatura del general Sleimane cuenta con la aprobación general pero el Parlamento nunca se pudo reunir para decretar su elección ante la crisis entre mayoría y oposición.
Esta empezó en noviembre de 2006 cuando Hezbolá y sus aliados de la oposición -cinco chiitas y un cristiano- reclamaron la formación de un gobierno en el que querían disponer de derecho de veto.
Pero la violencia de los últimos días la desencadenó una decisión del gobierno, el 6 de mayo, anunciando medidas contra la influencia de Hezbolá.
Hombres armados de ese movimiento se hicieron entonces con varios barrios de mayoría musulmana de Beirut tras haber expulsado a los partidarios sunitas del gobierno y bloquearon la carretera hacia el aeropuerto, donde se suspendió el tráfico aéreo. El puerto de la capital libanesa también quedó paralizado.
El ejército intervino suspendiendo las medidas gubernamentales y los hombres de Hezbolá abandonaron las calles de Beirut, aunque se desencadenaron combates en Trípoli (norte) y en las montañas drusas, en el sureste del país.
El gobierno tuvo que anular las dos medidas dirigidas a investigar una red de telecomunicaciones paralela puesta en marcha por Hezbolá. Sólo entonces la tensión empezó a ceder y la Liga Arabe pudo lograr un consenso para negociar un acuerdo.
Según esta última, ambos campos aceptan «iniciar un diálogo para consolidar la autoridad del Estado en el conjunto del territorio» y se comprometen a no usar las armas. El ejército, por su parte, se hace cargo de la responsabilidad de mantener la paz civil.
Tras el anuncio de ese acuerdo, Hezbolá levantó los bloqueos que impedían el paso al aeropuerto de Beirut, donde se reanudó el tráfico aéreo.