El resultado del cuestionado referéndum para decidir sobre la autonomía del departamento de Santa Cruz, en Bolivia, ocasionó la profundización de la crisis política que vive el país andino y está a punto de echar la suerte del presidente Evo Morales.
rmarroquin@lahora.com.gt
Gracias a la mayoría con que cuenta en el Senado, el principal partido de oposición y representante de la derecha conservadora, PODEMOS, aprobó una iniciativa de ley enviada por el propio Gobierno -pero en otro momento coyuntural- para consultar a la ciudadanía si acepta o no la continuidad de Morales en la Presidencia y de los nueve gobernadores de todo el país.
La gestión del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales, representa una amenaza para los sectores del poder tradicional en Bolivia concentrados en la denominada «media luna», conformada por los departamentos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, los más ricos del país.
La victoria electoral de Morales en diciembre de 2005 fue considerada como una conquista para los pueblos indígenas de Latinoamérica, históricamente sometidos a la pobreza y al subdesarrollo. Además, la agenda abiertamente socialista del MAS fortaleció el proceso de transformación ideológica del continente, al demostrar la importancia de la unión de los movimientos sindicales, campesinos, indígenas y populares para la obtención del poder y la transformación del Estado.
Pese a no contar con la mayoría en el máximo Organismo Legislativo para garantizar la implementación de los ofrecimientos de campaña, durante los últimos dos años, el MAS logró implementar una serie de transformaciones políticas, económicas y sociales que han sacudido a la sociedad boliviana.
La aprobación de una nueva Constitución Política para la refundación de un Estado con pleno reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, la nacionalización de la explotación de los hidrocarburos y de la principal empresa de comunicación, la renegociación con empresas transnacionales que operan en el país y la aprobación de la Reforma Agraria, son algunas de las principales acciones de la administración de Evo Morales.
Al igual que en Guatemala, el poder tradicional en Bolivia cuenta con voceros de gran alcance que han polarizado a la sociedad, y mientras una buena parte de la población votará el próximo 10 de agosto en contra de la propuesta del MAS para la transformación de su país, el verdadero peligro se encuentra en quienes, cansados por la lentitud de los procesos políticos, dudarán de la gestión del partido oficial y engrosarán las filas de los adversarios.
La ciudadanía boliviana no se juega sólo a su gobierno en el próximo referéndum, determina el proceso regional para la transformación de la sociedad y el esfuerzo que varios gobiernos latinoamericanos han emprendido con basto apoyo popular y que fue bien definido por el presidente Evo Morales: el fin del sistema capitalista.