Medio centenar de jefes de Estado de la Unión Europea y América Latina se reúnen mañana en Lima bajo un impresionante dispositivo de seguridad para hablar del calentamiento global, la crisis alimentaria y la desigualdad, en un ambiente enrarecido por una serie de tensiones políticas.
La Cumbre, que se celebrará en el Museo de la Nación de Lima, encuentra a América Latina en un momento de bonanza económica -gracias en buena parte a los altos precios internacionales de las materias primas- pero igualmente en un periodo lleno de convulsiones políticas que podrían terminar reflejándose en la cita de Lima.
«Europa ha tenido hasta ahora una mirada paternalista hacia América Latina pero a partir de estas Cumbres hemos podido dejar de pasar el sombrero por acuerdos más horizontales y menos verticales», reflexionó recientemente el canciller peruano, José Antonio García Belaúnde, para expresar la nueva relación que se espera con Europa.
«Estamos decididos a sostener los esfuerzos de nuestros interlocutores en la lucha contra la pobreza y el reforzamiento de la democracia y la cohesión social», dijo por su parte el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, para expresar las expectativas europeas.
Del lado europeo hay ausencias sensibles: el presidente francés, Nicolas Sarkozy; el primer ministro británico, Gordon Brown, y el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.
En América Latina tampoco se dará la esperada venida del presidente cubano, Raúl Castro, quien estará representado por su vicepresidente, José Ramón Machado.
Pero en cambio la presencia anunciada del presidente venezolano Hugo Chávez, genera remezones en varias direcciones: así como el año pasado en la Iberoamericana de Chile tuvo una seria disputa (aún no resuelta) con España, ahora enfiló baterías hacia la canciller alemana Angela Merkel, que previamente habló mal del gobierno de Caracas.
La mala relación de Chávez y el presidente Rafael Correa con su colega colombiano, Alvaro Uribe, en torno a la guerrilla de las FARC podría constituirse en capítulo aparte en Lima si se concretan nuevas acusaciones del gobierno de Bogotá.
Más allá de esta y otras discrepancias internas en el subcontinente, las relaciones entre Europa y América Latina no pasan por su mejor momento, con acuerdos de asociación atravesando por un periodo de estancamiento.
Mientras países como Venezuela, Bolivia y Ecuador adoptan una línea decididamente anti-liberal, otros como Perú o los de América Central prefieren mirar hacia Estados Unidos o hacia el mercado asiático que no imponen, como los europeos, códigos de conducta en materia de derechos humanos, por ejemplo.
Latinoamérica es la región más desigual del planeta, donde la mitad de la riqueza se concentra en el 10% de la población. Según la CEPAL, la región tiene 194 millones de pobres (36,5% de la población) y 71 millones de indigentes (13,4%).
En ese contexto, el alza de los precios de los alimentos estará en la discusión de la Cumbre.
Igualmente Europa anunciará un plan de acción medioambiental, mientras Durao Barroso llamó a «encontrar soluciones concretas en la lucha contra el cambio climático».
Hay diferencias en el tema: mientras los países ricos quieren de los latinoamericanos compromisos más enfáticos contra el cambio climático (mirando con preocupación la Amazonía), Brasil pide que el respecto al medio ambiente no coarte el desarrollo de los países no industrializados.
Brasil defenderá igualmente su bioetanol que considera puede ser fuente de renta para los países pobres, pero que está siendo cuestionado por Europa, que teme su impacto en la escasez de alimentos y el avance de la deforestación.
Inicia una Cumbre bajo alta vigilancia que incluye a 95 mil efectivos policiales y del Ejército en una ciudad que se encuentra virtualmente paralizada por esta cita.
La V Cumbre Unión Europea-América Latina que se abre hoy en Lima está marcada por la ausencia de tres pesos pesados del lado europeo: el presidente francés Nicolas Sarkozy, el primer ministro británico Gordon Brown y el presidente del Consejo italiano, Silvio Berlusconi.
Cada una de estas ausencias tiene sus razones, aunque la más sorpresiva son, sin duda, las de Nicolas Sarkozy, en particular teniendo en cuenta la situación de la franco-colombiana Ingrid Betancourt, rehén de la guerrilla de las FARC y prioridad de la política exterior francesa en América Latina para su gobierno.
En ese sentido, la cumbre de Lima parecía ser una excelente ocasión para que Sarkozy se reuniese con el presidente colombiano ílvaro Uribe, el ecuatoriano Rafael Correa y el venezolano Hugo Chávez, los tres involucrados en la complicada cuestión de la liberación de los rehenes de las FARC.
Sin embargo, el palacio del Elíseo anunció el pasado 24 de abril que Sarkozy cancelaba sus viajes a Perú y México debido a un «programa demasiado cargado en el marco de la preparación de la presidencia francesa de la Unión Europea».
Es por ello que es el primer ministro Franí§ois Fillon quien representa a Francia, acompañado del canciller Bernanrd Kouchner.
En cuanto a Gordon Brown, el primer ministro británico, nunca ha sido un gran aficionado de estas cumbres, no muestra un particular interés por la región y la situación política interna del Reino Unido no acompaña, ya que enfrenta un momento de muy baja popularidad.
Con el objetivo de tratar de recuperar la iniciativa política, Brown anunció ayer en la Cámara de los Comunes un paquete de medidas y de ayudas sociales a las familias, que enfatizan mejoras en la vivienda, la educación y la salud.
La importancia que adjudica el Reino Unido a esta cumbre queda reflejada en los representantes finalmente enviados a Lima: la líder de la Cámara de los Lores, la baronesa Catherine Ashton de Upholland, y el ministro de Estado en la Oficina de Exterior y Mancomunidd Británica, Kim Howells.
De su lado el nuevo jefe de gobierno italiano, Silvio Berlusconi, recién recibió ayer y hoy los votos de confianza de la Cámara de Diputados y el Senado, una coyuntura que atento a contra un posible viaje a Perú.
En ese marco, es el canciller Franco Frattini, ex comisario europeo de Justicia, el más alto responsable de Italia en la capital peruana.