Ayer, al hablar ante los empresarios de la industria textil, especialmente dedicados a la maquila, el presidente Colom dijo que era necesario adoptar medidas para enfrentar lo que llamó un tsunami social y económico que afecta al mundo entero. La verdad es que esta crisis que empieza a manifestarse y cuyos efectos principian a reflejarse en la vida nacional, sí tiene las características del tsunami por su efecto devastador.
ocmarroq@lahora.com.gt
Hay que agregar que en el caso de Guatemala, a diferencia de lo que ocurre con un tsunami, no basta con hacernos a un lado como ocurriría con una evacuación, sino que de todos modos nos dará de frente la fuerza de la ola porque nuestras peculiares condiciones de pobreza nos hacen mucho más vulnerables que otras sociedades frente al problema. Me agradó, sin embargo, leer que el Presidente dijo que las crisis también ofrecen grandes oportunidades para quien sabe encararlas con determinación y ese puede ser nuestro caso para cambiar muchas cosas que en el país vienen mal desde hace mucho tiempo y que ahora, por fuerza de las circunstancias, deberemos modificar.
A una de ellas se refirió ayer el Presidente y es que los industriales de la maquila se quejan del daño que les provoca el alto costo de la energía eléctrica en Guatemala, que rebasa con mucho las tarifas vigentes en otros países. Y es que desde hace mucho tiempo y con las excepciones de la propuesta de írbenz para construir Jurún Marinalá y el plan maestro de electrificación que se diseñó en tiempos de Laugerud, el país ha centrado su inversión en la generación de energía térmica que se produce quemando combustibles derivados del petróleo. Hay que recordar que en el gobierno del general Arana el INDE se concretó a instalar plantas térmicas y cuando vino la crisis del petróleo a mediados de los años setenta, nos dimos cuenta de cuán crítica era nuestra situación.
Aquella crisis obligó a la contratación del estudio que iniciaba con Aguacapa y Chixoy y que tenía que continuar durante varios años con otras presas. Pero el general Ríos Montt lo detuvo por las anomalías en la construcción de Chixoy, que de todos modos no fueron nunca probadas ni llevaron a nadie a la cárcel, y se frenaron Chulac y Xalalá y con ello todo el plan maestro de electrificación.
En otras palabras, la crisis del petróleo de los años setenta nos dejó por lo menos Chixoy y ojalá que esta crisis mundial nos permita abrir los ojos para entender que nuestro esfuerzo tiene que estar en cambiar las formas de generación de energía y abandonar aquellos contratos leoninos que sucesivos gobiernos han suscrito con generadores privados que instalan plantas térmicas para vender energía que cuesta un ojo de la cara. Por cierto que ya costaba un ojo de la cara antes de la crisis actual y ahora ese valor se incrementa exponencialmente.
Que nos viene un tsunami social es indiscutible porque el impacto de la crisis económica tendrá enormes repercusiones en medio de una población con tan altos índices de pobreza. Y aunque no es la parte más importante del tema, también hay que ver que tendremos un tsunami político con efectos en la gobernabilidad porque los niveles de insatisfacción generarán protestas en el país. Para todo ello hay que estar preparados porque si bien no podremos contener la ola, por lo menos deberemos aprender a nadar.