Para los latinoamericanos que han llegado a vivir de manera ilegal a los Estados Unidos, la «migra» es el sinónimo del peligro de ser capturados y deportados, situación que afecta mucho más a los guatemaltecos que a otros centroamericanos porque en el momento oportuno nuestro gobierno, tras el huracán Mitch, no solicitó la situación de protección temporal que fue gestionada por nuestros vecinos para beneficio de sus ciudadanos. De esa suerte los chapines están mucho más expuestos a las acciones de las autoridades de migración que actualmente son parte del Departamento de Seguridad Interior y que actúan con mayor rudeza en la persecución de ilegales.
Ayer en Iowa se vivió un drama porque 290 guatemaltecos fueron detenidos en una planta procesadora de carne y eso significa 290 problemas humanos de gran envergadura. Muchos de los detenidos tenían familia en Estados Unidos y algunos eran el único soporte de menores de edad que residían con ellos. El caso se complica porque a causa del endurecimiento de las sanciones contra las empresas que contratan a trabajadores ilegales, éstas exigen la presentación de un número de seguro social, lo que ha hecho florecer el negocio de la venta de identidades falsas que sirven a los ilegales para cobrar sueldos, tener cuentas bancarias y otros beneficios limitados para los residentes legales.
El robo de identidades en Estados Unidos hace tiempo que es un gran negocio por diversas razones, pero actualmente la demanda planteada por los trabajadores ilegales es uno de los grandes alicientes para quienes venden esas identidades. Y el problema es que cuando un trabajador ilegal es sorprendido en posesión de un número de seguro social que no le corresponde, enfrenta cargos criminales distintos a la simple presencia sin permiso de trabajo en los Estados Unidos, por lo que se le acumulan otros cargos que complican su situación.
El presidente Colom estuvo con su homólogo George Bush recientemente y abordaron el tema migratorio pero los conocedores dijeron desde el principio que no había esperanza para los guatemaltecos porque ni darían un TPS ni, mucho menos, cesarían las capturas y deportaciones. Quienes ahora sean deportados no sólo dejarán de enviar dinero a sus familiares aquí, sino que además vendrán a un país donde la recesión ya está golpeando y cuesta encontrar empleo. Un país donde el costo de vida va en incremento constante y en el que es muy difícil concretar aspiraciones por la falta de oportunidades que, precisamente, expulsó a esos conciudadanos.
El mensaje es que las redadas seguirán y que nuestros compatriotas tienen que tener mucho cuidado con las identificaciones falsas que venden con número de seguro social porque sin ellas cuesta encontrar trabajo, pero con ellas se exponen a sanciones por incurrir en delitos.