La ONU propuso hoy establecer un «puente aéreo» a Birmania y evitar así una «segunda catástrofe» tras el paso del devastador ciclón Nargis, pero la junta militar se mantiene firme e insiste en controlar la distribución de la ayuda humanitaria.
Once días después de una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente, que dejó al menos 62 mil muertos y desaparecidos, la junta reafirmó su oposición a dejar entrar un gran número de trabajadores humanitarios para repartir la ayuda destinada a los dos millones de supervivientes.
«Por el momento, la nación no necesita a trabajadores humanitarios especializados», aseguró el vicealmirante Soe Thein, citado en el diario oficial New Light of Myanmar.
Las necesidades de cientos de miles de damnificados «han sido satisfechas, en cierta medida», declaró.
Pero la ONU, Estados Unidos y muchos países occidentales piensan lo contrario.
Ayer instaron a la junta a actuar más rápido para evitar más muertos y facilitar la distribución de la ayuda internacional, que la junta quiere controlar a toda costa.
El secretario general de la ONU Ban Ki-moon expresó en una conferencia de prensa «su preocupación y su inmensa frustración ante la lentitud inaceptable de la respuesta a esta grave crisis humanitaria».
«Si no entra ayuda extra al país rápidamente, nos arriesgamos a enfrentar epidemias de enfermedades infecciosas que podrían sobrepasar la crisis actual», agregó.
«Por lo tanto, llamo lo más enérgicamente posible al gobierno de Birmania a dar prioridad a la vida de sus compatriotas», dijo.
Hoy, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) advirtió que se necesita «un puente aéreo o marítimo» para enviar la ayuda «lo más rápido posible» y evitar una segunda «catástrofe» en el país.
El presidente estadounidense George W. Bush, que considera a la junta birmana como una de sus bestias negras, consideró que «el mundo debería estar enojado y condenar» el régimen asiático.
«Es imposible decir cuántas personas han perdido la vida debido a la lenta reacción», de las autoridades birmanas, añadió Bush.
Pese a que el ritmo de entrada de ayuda extranjera se aceleró desde el domingo, las necesidades siguen siendo colosales para unos supervivientes desesperados y aislados, en las zonas del delta del Irrawaddy (sudoeste), donde aún flotan cadáveres en descomposición.
Según nuevas cifras oficiales provisionales, hay 34.273 muertos, 1.403 heridos y 27.836 desaparecidos, informó la radio estatal hoy.
Naciones Unidas calcula sin embargo que los muertos sobrepasan la cifra de los 100 mil y que muchas más personas están en peligro de sucumbir a menos de que la ayuda llegue rápidamente al millón y medio de supervivientes.
Así, la Organización Mundial de la Salud advirtió de las más que posibles epidemias de dengue y paludismo.
Hasta ahora, las operaciones de socorro sólo han permitido responder a entre un 10 y un 20% de las necesidades de agua potable, víveres y materiales, según la ONU.
Además los trabajadores humanitarios extranjeros dicen tener dificultades logísticas. Unos cincuenta de ellos que trabajan para agencias de Naciones Unidas y ONG siguen esperando sus visados para entrar en Birmania.
Tras hacer aterrizar ayer en Rangún un primer avión lleno de ayuda, Estados Unidos ha enviado hoy otro avión y se espera que un tercero llegue el mismo día.
La Casa Blanca ha prometido 13 millones de dólares suplementarios para auxiliar a la población birmana, con lo que el total de su ayuda asciende a 16,26 millones.
Mientras, la Unión Europea (UE) convocó hoy una reunión ministerial de emergencia para evaluar las necesidades de los supervivientes y acentuar la presión sobre el régimen birmano para que facilite la llegada de ayuda.
Tras la reunión, el comisario europeo de Desarrollo, Louis Michel, viajará a Bangkok con la esperanza de poder visitar Birmania.
El poder de los generales birmanos que dirigen el país desde 1962, parece no haberse visto amenazado por la gravedad de la crisis humanitaria y la ira occidental frente a su lentitud para ayudar a las víctimas del ciclón Nargis, estimó hoy un mediador internacional.
«El generalísimo Than Shwe y su número dos, Maung Aye, ya han mostrado hasta qué punto pueden resistir todos los temblores», recuerda Leon de Riedmatten, representante en Bangkok del Centro para el Diálogo Humanitario con sede en Ginebra, otrora mediador entre el régimen birmano y la opositora detenida Aung San Suu Kyi.
«Inclusive si esta crisis es más dramática (que la provocada por la represión de miles de monjes budistas en septiembre de 2007), no es seguro que ponga en tela de juicio el control que ejercen los generales sobre el país», advirtió Riedmatten, ciudadanos suizo y el extranjero que más veces se reunió con Suu Kyi en los últimos años.
Birmania ha sido gobernada desde 1962 por sucesivas juntas militares.
El número uno actual, Than Shwe, en el poder desde 1992, se benefició en los últimos años de la protección de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU.
En nombre de la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), de la que forma parte Birmania, nunca quiso discutir con los generales.
«No creo que la actual actitud de los militares birmanos, que consiste en querer controlar la distribución de la ayuda, permita frenar la crisis», opinó Riedmatten.
«Pero cuando se ve la apatía de la ASEAN, cuando se ve que Naciones Unidas no logra forzar la mano al régimen y ahora otro catástrofe en China, los generales birmanos podrían salirse con la suya, como han hecho en cada ocasión», afirmó.
Ayer, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, denunció «la inaceptable lentitud» de la junta birmana en responder al ciclón Nargis y acusó al régimen de ser el repsponsable directo, exhortándolo a que su prioridad sea la vida de los sobrevivientes.
«El mundo debería estar enojado y condenar» al régimen birmano, sostuvo el presidente estadounidense George W. Bush.
«Son sólo palabras», sentenció León de Riedmatten, tras recordar que cuando la revuelta de los monjes budistas aplastada por la junta birmana «todo el mundo se había ofuscado, habían pegado gritos, pero finalmente, los generales hicieron lo que quisieron».
En su opinión, ante el alcalde de la actual catástrofe «sería necesario que la ASEAN tomara la iniciativa. Y en cambio está en silencio y sin liderazo. China sigue siendo muy discreta (en ese ámbito). ¿La conciencia tranquila de Occidente puede lograr un cambio? Eso es otra historia», se pregunta y se responde Riedmatten.
Debería llevarse a cabo «una operación masiva» con un puente aéreo y buques militares que permanecieran cerca de las aguas territoriales y helicópteros, «que lleven y traigan víveres a la gente».
El balance oficial provisional del ciclón Nargis, que hace once días golpeó amplias zonas del sur de Birmania, ascendía hoy a 62 mil muertos y desaparecidos, aunque otras estimaciones de diplomáticos occidentales y de la ONU hablan de más de 100 mil muertos y de dos millones de damnificados.