Obama vrs. McCain


Barack Obama (D), aspirante a la candidatura demócrata, conversa con Peter DeFazio (C), un superdelegado de su partido. Los superdelegados están empezando a inclinarse por el senador de Illinois para que los represente en la pugna contra John McCain por la Casa Blanca.

Una contienda entre el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain en la elección presidencial de noviembre se perfilaba hoy a pesar de que Hillary Clinton se resiste a abandonar la carrera por la nominación del Partido Demócrata.


«Si Barack Obama quiere a Hillary Clinton fuera de esta carrera, que la derrote», dijo ayer el portavoz de Clinton, Howard Wolfson, «que la derrote en Virginia Occidental, que la derrote en Puerto Rico, que la derrote en Kentucky».

La senadora por Nueva York ganarí­a en los tres estados, según sondeos sobre intención de voto. La primaria de Virginia Occidental tendrá lugar mañana.

La última encuesta sobre esa primaria indica que Clinton tiene 60% de las intenciones de voto, contra 24% del senador por Illinois.

En Kentucky, los sondeos le otorgan 58% de intenciones de voto a Clinton, contra 31% de Obama. No obstante, incluso en el caso de una victoria aplastante de Clinton en ambos estados, es difí­cil que los resultados globales vayan a cambiar, porque ambas primarias otorgan muy pocos delegados.

Pero los lí­deres del Partido Demócrata se unen claramente detrás de Obama, quien ahora está ansioso por enfrentarse a McCain.

El lí­der de la mayorí­a demócrata en el Senado, Harry Reid, quien se ha mantenido neutral en la contienda, hizo un breve esbozo de las tres principales lí­neas de ataque contra el senador republicano.

«Está equivocado sobre la guerra (en Irak). Está equivocado sobre la economí­a. Es un clon de George Bush», declaró Reid a la cadena ABC de televisión, al tiempo que pidió a los demócratas que se «relajaran» y dejaran que la batalla Obama-Clinton se desarrollara hasta el final de las primarias el 3 de junio.

Tras el triunfo de Obama en Carolina del Norte la semana última, y su estrecha derrota en Indiana, su estratega de campaña, David Axelrod, dijo a Fox News ayer: «Estamos llegando al final de este proceso».

«Y creo que hay entusiasmo entre los lí­deres del partido y los militantes de todo el paí­s para emprender la campaña de la elección general», señaló.

Con Obama tratando de aprovechar su irresistible ascenso frente a Clinton, los demócratas niegan que estén en marcha negociaciones para poner fin a la carrera por la candidatura del partido y lograr el retiro de la ex primera dama a través de un acuerdo que cancele sus deudas de campaña o le asegure la candidatura a la vicepresidencia.

Esa deuda asciende a 20 millones de dólares, según reconocen sus propios asesores.

El jefe del equipo de campaña de Clinton, Terry McAuliffe, admitió a la cadena NBC que «algo grande deberí­a ocurrir» para que la senadora por Nueva York le quitara la nominación a Obama. No obstante, agregó: «Pero eso no cambia nada».

Los asesores de Hillary Clinton negaron que la ex primera dama hubiera jugado la semana pasada la carta del prejuicio racial cuando argumentó que el apoyo a Obama entre los trabajadores blancos estadounidenses estaba disminuyendo.

Obama supera por primera vez a Hillary Clinton en el número de «superdelegados» que lo apoyan. Los superdelegados no tienen un mandato vinculante, sino que tienen libertad de votar al precandidato que quieran en la convención del mes de agosto que decidirá la nominación del partido.

Al menos otros seis de ellos se pronunciaron a favor de Obama este fin de semana. Ahora son 275 los que lo apoyan y 271 los que se pronunciaron por su rival, según el sitio independiente RealClearPolitics. En lo que respecta a los delegados ordinarios, el primero tiene 1.591 y Clinton 1.426.

The New York Times afirmó ayer que McCain y Obama ya se estaban preparando para noviembre en aquellos estados clave que no suelen ser bastiones seguros de ninguno de los dos partidos. Ya están elaborando agresivos avisos que difundirán no bien concluyan las primarias demócratas con el propósito de atraer a los votantes independientes.