Por fin llega la ayuda


Voluntarios descargan varios tambos de agua pura del avión procedente de Estados Unidos, el cual fue autorizado para aterrizar en Birmania.

Varias regiones de Birmania siguen cortadas del mundo diez dí­as después del paso devastador del ciclón Nargis, admitió hoy la junta birmana, que quiere controlar la distribución de ayuda humanitaria, en el momento en que el primer avión estadounidense aterrizaba en Rangún.


El ritmo con el que llega el material de urgencia internacional para los dos millones de damnificados se aceleró ligeramente desde ayer, pero sigue siendo muy inferior a las gigantescas necesidades de los ví­ctimas.

El balance oficial provisional era hoy de al menos 62 mil muertos y desaparecidos, pero diplomáticos occidentales han hablado de más de cien mil muertos.

Ante la extensión de la tragedia, el ministro birmano de Planificación Nacional y Desarrollo Económico, Soe Tha, aseguró que los responsables gubernamentales se habí­an desplazado a la mayor parte de regiones arrasadas por Nargis, según el diario oficial New Light of Myanmar.

Pero otros sectores del paí­s continúan cortados del mundo.

«Todaví­a quedan zonas a las que no pueden llegar los responsables concernidos. El material de socorro fue lanzado con paracaí­das en los sectores inundados donde los helicópteros no podí­an aterrizar», reconoció Soe Tha, citado por el diario, controlado por la junta militar.

El ministro agradeció a Naciones Unidas y a todos los paí­ses las numerosas donaciones a favor de los damnificados, pero reiteró que las autoridades birmanas controlarán la distribución de la ayuda internacional.

«Aceptamos las ayudas de todos los paí­ses» pero «su reparto puede ser gestionado por organizaciones locales», añadió.

La ayuda humanitaria sigue entrando con cuentagotas porque el régimen birmano, conocido por su paranoia y obsesionado por la defensa de su soberaní­a, sigue siendo muy reticente a que las operaciones de socorro estén dirigidas por extranjeros.

Así­, fuentes de la ONU afirmaron hoy en Bangkok que siguen esperando 24 visados para que su personal extranjero pueda entrar en Birmania.

«De hecho se nos han entregado muy pocos visados», afirmó en un comunicado Catherine Bragg, vicecoordinadora de la ayuda de emergencia de Naciones Unidas, al tiempo que llamaba a las autoridades birmanas a actuar con prontitud para salvar vidas.

«Si no actuamos ahora, si no actuamos rápido, se perderán más vidas», afirmó.

Por su parte, un responsable de la Cruz Roja aseguró que anoche nueve de sus aviones con ayuda humanitaria habrí­an llegado a territorio birmano.

«No es exacto afirmar que no se está haciendo nada, pero esto no es suficiente», afirmó por su parte Frank Smithuis, de la ONG Médicos Sin Fronteras, el primero de cuyos aviones aterrizó ayer en Rangún.

También Estados Unidos, uno de los más acérrimos crí­ticos de la junta birmana, mandó ayer a Rangún un avión de transporte militar C-130 cargado con más de 12 toneladas de material humanitario, principalmente unidades de purificación de agua, mosquiteras y mantas para las ví­ctimas.

La llegada de este avión norteamericano es en sí­ un acontecimiento, ya que desde hace más de diez años Birmania es objeto de sanciones estadounidenses y europeas.

Pese a la devastadora catástrofe, el régimen birmano aseguró que los electores acudieron «masivamente» a las urnas el sábado para participar en el referéndum sobre una nueva Constitución.

Esta votación, la primera en Birmania desde 1990, está destinada, según la junta, a abrir la ví­a a «elecciones plurales» en 2010. Sin embargo, la oposición birmana, liderada por la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, habí­a llamado a votar «no» por considerar que el nuevo texto constitucional refuerza la supremací­a del ejército en el poder.

Innumerables disidentes advirtieron de que el resultado de la votación estará «trucado».