Sandra tiene 54 años. Este 10 de Mayo, como cada año, en su hogar habrá pastel y varios regalos, algunos de ellos serán artículos de belleza y uno que otro aparato electrodoméstico. Estos presentes sirven como celebración del Día de la Madre.
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Su familia está conformada por tres hijas y dos hijos, todos adultos jóvenes; sin embargo ella los considera «sus niños», por lo que aprovecha la ocasión para recibir obsequios y muchas muestras de afecto, ya que una fecha tan especial para «la reina del hogar», merece celebrarse. La jornada diaria de Sandra es de 24 horas a disposición de su familia, por lo que durante el 10 de Mayo está sujeta a un trato especial como premio a su abnegada labor de madre y ama de casa.
Esta dama podría personalizar a la mujer tradicional, a la que está dentro del común denominador de las madres que cumplen a cabalidad con el rol que les fue asignado por la sociedad. Rol que, en esta efeméride especialmente, es reafirmado por los medios de comunicación en general y por la publicidad en particular.
La maternidad como función vital
De acuerdo con la periodista Evelyn Blanck, representante de asociación Civitas, la mayoría de los mensajes que recibimos de los medios de comunicación, de la familia, de la Iglesia y de la escuela, están creados desde la visión de una ideología dominante.
«Son construcciones culturales que llevan miles de años formándose, reafirmándose, pero siempre perviviendo. Uno de ellos ha sido asignar la maternidad como función vital de la mujer», señala Blanck.
A criterio de la socióloga y feminista Silvia Trujillo, la publicidad refuerza el rol tradicional que debe desempeñar una madre. Ella considera que en cierta medida los medios de comunicación se han adaptado a la «madre moderna», que no está únicamente en el ámbito del hogar, sino que además es profesional o sale a trabajar, no obstante, asevera que la mujer conserva el rol fundamental que es ser madre.
La nociva publicidad
Una madre es una mártir, abnegada, sacrificada, da todo cuanto tiene y puede por sus hijos y la familia. Esa es la descripción que hacen los medios de comunicación, a través de los mensajes publicitarios antes y durante la celebración del 10 de Mayo, según las entrevistadas.
Ana Silvia Monzón, también socióloga y conductora del programa «Voces de mujeres», de Radio Universidad, afirma que la publicidad, por su carácter comercial, utiliza a la mujer en particular y a la sociedad en general. «Me parece que es una forma más de mercantilizar a las mujeres, y también los afectos humanos, porque esto es de varias vías: de quien regala y a quien van dirigidos los regalos, y por supuesto los mensajes implícitos», advierte.
«No te van a mostrar a una mamá alegre de no haber criado a sus hijos. Eso está contra todo el imaginario que tenemos; una madre que diga que no se sacrificó por sus hijos, esa no aparece en los medios», asegura Olga Villalta, comunicadora social y feminista.
A su criterio, hay muchas denominaciones de madres, por llamarlas de algún modo, que no concuerdan con aquella descripción promovida por la sociedad y reforzada por los medios de comunicación, a través de la publicidad. «Hay madres irresponsables, que golpean, castran a las hijas e hijos, mandonas, manipuladoras; tenemos una diversidad, no sólo la tierna, amorosa, sacrificada y dulce», sostiene.
La publicidad es usada para preservar el mito «sirve para seguirnos diciendo a las mujeres que todas debemos ser mamás, por lo que nos lo imponen como destino y no como una opción de vida y decisión propia», concluye Villalta.
El discurso periodístico no está exento
La crítica de estas mujeres no se limita a los mensajes publicitarios. Ellas consideran que los mensajes mediáticos son influyentes en la reafirmación de este «mito-destino». «Si analizamos la publicidad y además, los contenidos periodísticos, vemos cómo las notas informativas refuerzan esos estereotipos con sus frases, con los mensajes entre líneas», aduce la socióloga Trujillo.
De acuerdo con el boletín informativo «La concepción dominante de la maternidad en los medios», publicado por el Observatorio «Mujer y Medios», los contenidos periodísticos también complementan a la publicidad en su tarea de reafirmar paradigmas.
Según el documento, aún se observa en los contenidos de éstos la promoción de mitos antiguos impuestos sobre las mujeres en función del género. «Uno de éstos, que se mantiene en su parte medular, gira precisamente en torno al concepto de maternidad. Según este mito, por estar biológicamente capacitadas para la concepción, a las mujeres les corresponde de manera exclusiva la responsabilidad de velar por el sano crecimiento y formación de las hijas e hijos», señala la información.
El boletín cita que los mensajes que abundan en los medios alrededor del Día de la Madre, se refieren a la madre sacrificada, aquella que sólo piensa en el bienestar de los hijos, quien por cumplir el deseo de ser madre, se arriesga sometiéndose a diversos tratamientos. «Se impulsa la idea de que las mujeres se asuman como recipientes de futuros bebés que serán la alegría del hogar y el futuro de la patria», indica la publicación.
Ana María Monzón, activista del movimiento de mujeres, considera que el papel que desempeñan los medios de comunicación es «terrible», si se considera que pueden reeducar a la población. «Los grandes medios de comunicación responden a los intereses de las grandes empresas, por ello reproducen y fortalecen el sistema capitalista-patriarcal, porque les favorece», sentencia.
En ese sentido, Evelyn Blanck recalca que a pesar de la existencia de nuevas tendencias acerca de la vigilancia del cumplimiento de los derechos humanos, en especial de las mujeres y la niñez, se continúan desarrollando prácticas culturales que riñen con ese discurso. «Es bien preocupante, cuando llega el Día de la Madre, observar las construcciones e idealizaciones que siguen viéndose acerca de la mujer», opina.
«Un ser anulado»
El comportamiento de la publicidad, de los medios de comunicación y de la sociedad logra invisibilizar a la mujer como persona humana, con derecho a decidir. Según Carmen Najarro, citada en el boletín del Observatorio Mujer y Medios, «podemos decir que detrás de todo el aparato de celebraciones y elogios sobre la maternidad, hay un ser anulado que tenía derecho a ser un ser para sí, no sólo para otras y otros».
Blanck coincide con esta afirmación, ya que asegura que al idealizar a la mujer, se le despoja de muchos derechos como persona, «bajo esta concepción, las mujeres no tenemos derecho a decidir si queremos ser madres o no y pareciera que tampoco tenemos derecho a realizar nuestra vida o nuestro aporte fuera del ámbito doméstico».
Resignificar los ritos
La palabra «rito» es definida como una costumbre repetida de forma invariable. Y como toda sociedad requiere de estas acciones «profundas y ancestrales» para subsistir, las mujeres entrevistadas aducen que «lo que podemos hacer es resignificar esos rituales, darles otros contenidos y crear otras formas de celebración», de acuerdo con Ana Silvia Monzón.
«Estas situaciones no deben ser vistas en blanco y negro. Ante ello soy de la idea de ir trabajando más en la propuesta. Aprovechar si quieres de efemérides como éstas para hablar acerca de lo que pensamos. Creo que estas fechas pueden aprovecharse para educar», sugiere Blanck.
Finalmente, Silvia Trujillo reconoce que se puede ser «muy feminista», pero también las personas somos resultado de un proceso histórico-social, por lo que acepta lo difícil que es enfrentarse cotidianamente a la realidad «más si tienes una propuesta distinta», asevera.