Despedida a Ernesto Capuano


Esta semana, cuando aún pensábamos en que la Usac le darí­a el Doctorado Honoris Causa, Ernesto Capuano falleció en México, a los 93 años. La noticia de su muerte nos ha entristecido; pero es la memoria de su vida la que nos lleva a la reflexión.

Raúl Molina Mejí­a

Dos guatemaltecos, muy cercanos a Neto en la fase última de su vida, cuando vino a despedirse de su Guatemala, han escrito hermosos mensajes de homenaje. Carlos Figueroa Ibarra dice: «Nunca conocí­ a un hombre más inmune a las vanidades y más reacio a los honores. Ni tampoco más desinteresado con respecto a los bienes materiales… En una época en que el apego a los valores solidarios y la ética de la convicción a menudo se olvidan, la figura de Ernesto… se engrandece y nos deja un ejemplo avasallador».

Gilberto Castañeda aporta su mensaje «para agradecer una vez más a ese hombre ejemplar su solidaridad permanente con los luchadores sociales y los perseguidos de siempre». Y en Guatemala, Oswaldo Enrí­quez, en nombre de muchos manifiesta: «Su ejemplo pervivirá en todas las generaciones de guatemaltecos que tuvimos la suerte y el honor de conocerlo, como alguien… de una gigante estatura moral, ética e ideológica».

Adicionalmente, recibí­ por correo electrónico una foto que pinta a Neto de cuerpo entero. Aparece con la edad actual, muy bien vestido, con sombrero y una encubridora sonrisa de labios y ojos, teniendo como fondo la hoz y el martillo: ¡un verdadero Comunista, con mayúscula! Es la foto del «hombre nuevo» de Marx para la Nueva Guatemala que aún no logramos construir. Es la imagen del comunista de nuestro paí­s que, como muchos otros que perdieron su vida por querer dar vida a esa Nueva Guatemala, no vacilaron ni un momento en correrse enormes riesgos. Un ser humano comprometido, vertical, honesto y solidario.

Siempre que uno o una de nuestros insignes militantes de izquierda muere, como en los casos del Comandante Rolando y su compañera, Rolando Castillo Montalvo, el Comandante Gaspar Ilom, Mario Vinicio Castañeda, Carlos Paz Tejada, Jorge Rosal y ahora Neto, nos hemos convencido de la insensatez de nuestra falta de unidad y nos hemos propuesto forjar la gran alianza para ponerla al servicio de nuestras ignoradas mayorí­as. Solamente para llevarnos una nueva decepción cada vez que se produce un evento electoral, cuando los intereses de clan prevalecen sobre intereses más trascendentales.

Es acá donde quiero rescatar hoy la figura de Neto Capuano. Estoy seguro de que era daltónico con respecto al color rojo: no distinguí­a ninguno de sus matices. La izquierda era una, a la que habí­a que apoyar con mente y corazón, y el pueblo era uno, independientemente de sus posiciones ideológicas y sus actitudes pragmáticas. Es tiempo de reconocer que aun uniendo a toda la izquierda, no somos opción electoral; solamente si nos unimos de verdad a nuestras grandes mayorí­as, incluida en ellas la agobiada clase media, podremos inventar un proyecto, un Frente Amplio, que pueda finalmente cambiar el rumbo de nuestro paí­s. En ese necesario esfuerzo de humildad, consecuencia y solidaridad, tenemos en Neto Capuano el ejemplo a seguir.