La actividad del volcán Chaitén, en el sur chileno, recrudeció la madrugada de este jueves con explosiones y un aumento en la expulsión de cenizas, agravando una situación de emergencia en el sur de Chile y Argentina casi una semana después de entrar en erupción.
Fuertes detonaciones se sintieron en Chaitén en la madrugada, cuando desde el macizo volvieron a emerger cenizas con fuerza. El fenómeno se dio junto a una tormenta eléctrica, lo que le agregó mayor espectacularidad.
«Las llamas caían del cielo», describió a Radio Cooperativa un poblador que permanecía en la zona.
De acuerdo a la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI), «se trató de explosiones que están dentro del proceso normal de erupción del volcán», que comenzó su actividad el viernes pasado.
Las nuevas detonaciones motivaron una nueva evacuación de emergencia de las pocas personas que aún permanecían en el poblado, ubicado a los pies del volcán y que se resistían a abandonar sus hogares pese a la orden oficial de que nadie puede permanecer en un radio de 30 km del macizo.
Las autoridades debieron recurrir a una orden judicial para obligar a salir a estas pocas personas -entre 50 y 130-, en su mayoría hombres que evacuaron a sus familias pero que continuaban en Chaitén por temor a abandonar sus hogares, sus mascotas y animales.
«Yo me quedo acá, junto a mis animales, hasta que se muera el último», relató otro agricultor del poblado de Santa Bárbara, a unos 12 km de Chaitén.
Los últimos días, más de 4.000 personas fueron desplazadas desde Chaitén. Otras mil fueron evacuadas desde Futaleufú, un poblado distante a unos 70 km del macizo, pero que por la dirección de los vientos ha recibido la mayor cantidad de cenizas.
Ambos pueblos, de pujante actividad agrícola, ganadera y turística, quedaron absolutamente despoblados y se anticipa un fuerte deterioro medioambiental producto de la acumulación de cenizas, que sobrepasa los 30 centímetros.
Miles de cabezas de ganado también se verán afectadas por la falta de alimentos y la ingesta de aguas contaminadas. Unas 600 mascotas, entre perros y gatos que quedaron abandonados, deambulan por las poblaciones.
Los miles de desplazados enfrentan además la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a sus hogares. La mayoría de ellos dejó sus casas casi con lo puesto y fueron recibidos por familiares o amigos en las localidades cercanas de Puerto Montt, la isla de Chiloé y Osorno.
Unas 600 personas se mantenían en albergues montados en colegios, donde la angustia crecía a medida que pasaban los días. «No sabemos nada. No tenemos idea hasta cuando vamos a estar aquí. Es realmente angustiante», relató al canal estatal una mujer en un albergue de Puerto Montt.
En este lugar se les da comida y poco a poco se les iba entregando algunas provisiones de ropa y artículos de aseo.
Este jueves, el gobierno anunció que se declararán exentas del pago de impuestos a las propiedades afectadas por la erupción del volcán y se condonarán las deudas tributarias.
La lluvia de cenizas, cuya inhalación es altamente tóxica, afecta también desde hace días a varias localidades del sur de Argentina, como Esquel y Bariloche, mientras los vientos habían trasladado cenizas hasta el sur de la provincia de Buenos Aires.
El ministro de Defensa chileno José Goñi, quien por declaración de la presidenta Michelle Bachelet se dedicará de manera exclusiva a superar la emergencia, tenía previsto trasladarse hasta Bariloche para reunirse con el vicepresidente de Argentina, Julio Cobos.
Las autoridades buscan coordinar acciones para enfrentar la tragedia y conversar sobre algunos temas prácticos vinculados con el abastecimiento y la circulación de personas y bienes por territorio argentino, explicó Goñi.