Julio Donis
Esta frase formó parte de un discurso que hiciera Fidel Castro en la Conferencia de Río en el año 1992. En dicho evento ya se advertían las consecuencias de un manejo irresponsable de los recursos naturales del planeta, que traería como consecuencia el agotamiento del petróleo, cambio en la temperatura global, hambruna, etc. Aquello que se advertía catastrófico pero lejano, finalmente está sucediendo y como si fuera una visión casi apocalíptica, una nube gris parece oscurecer el futuro del mundo.
Las noticias empiezan a llegar de todos lados; de Asia resalta la carencia del arroz que tiene como causas, el aumento de la población y variaciones en los patrones de consumo de la casi tercera parte de la población mundial (China y la India juntos siembran la mitad del arroz mundial y también se lo comen), además se ha orientado grandes extensiones de tierra para cultivo hacia otras vocaciones. De ífrica se prevé que de 53 países de ese continente, 23 sufrirán un impacto directo y devastador como consecuencia del aumento de los precios y la escasez de los alimentos. De Latinoamérica varios de sus países están orientando y favoreciendo políticas para protección y subsidio del precio de los productos agrícolas, ante un inminente desabastecimiento y carestía de diversos granos como el maíz, el trigo, el arroz, café etc. Sin ir lejos, el gobierno del vecino Salvador convocó a un recorte generalizado como parte de un plan de austeridad nacional.
El precio del petróleo llegó esta semana a los US $121 dólares por barril y el costo del galón de gasolina en Estados Unidos se duplicó en seis meses. El comportamiento del precio de este energético es típico de aquellos bienes o recursos que finalmente enfrentan su agotamiento. El valor del barril subirá y subirá hasta llegar a las nubes. Los petroleros del mundo extraerán todo el valor que se pueda antes que se acabe la última gota en los yacimientos del mundo, los expertos indican que no será inmediato pero sí pasado mañana.
Las causas de esta inminente carestía global responden a la exacerbación que se hizo de los recursos naturales del planeta, por el uso intensivo de un modelo de explotación global, realidad que no es nueva y se ha dicho hasta la saciedad. El comportamiento histórico de un imperio y sus principales reproductores, consumieron insaciablemente todo a sus alrededores y la población debe enfrentar ahora la posibilidad real de cambios globales que reorienten la lógica de la vida. Los humanos tendrán que adaptarse y crear alternativas cuando se acabe el petróleo, cuando el agua empiece a ser motivo de guerras, cuando el arroz sea una planta en extinción.
El mercado se impuso a través de la religión del consumo y los pobladores de este planeta deberán enfrentar el agotamiento y la desaparición de varios productos vitales. En un artículo publicado en la versión electrónica del Diario de Pekín, se exponían los datos de una encuesta realizada en varios países de Asia. ¡El 61% de los habitantes de Hong Kong asisten por lo menos una vez a la semana a comer en los restaurantes de comida rápida! Estos datos demuestran cómo los hábitos de alimentación reflejan en cada «comehamburguesa» la voracidad de aquel imperio por expandir la lógica de «consumir y fast».
Otro ejemplo que refleja la condición del grandote que se engolosinó tanto que empezó a padecer él mismo, se demuestra en la «motivación» para que otros países se embarcaran en la aventura de los llamados biocombustibles, sobre la utilización de granos como el maíz. La administración Bush alardeó que el biocombustibles sería la panacea que solucionaría los problemas del agotamiento del petróleo. La consecuencia ya la advertía Castro un par de años atrás: un importante desabastecimiento de granos básicos, aumento de la hambruna, el elevamiento del precio de los mismos y sequías. En cinco años, Estados Unidos casi triplicó la producción de maíz destinado a la producción de etanol en vez de consumo alimentario.
Mientras tanto en Ciudad Gótica (Guatemala) los chapines urbanos clase media y alta siguen comprando camionetas de seis y ocho cilindros y al mismo tiempo en cuarenta y cinco municipios del área rural se espera con un guiño de desconfianza, el proyecto de Transferencias Condicionadas del Consejo de Cohesión Social de la Administración Colom; se han ampliado las consultas externas en los hospitales, los capitalinos creen que la escasez de gasolina se debe al aumento del petróleo, sin conocer de la aberrante falta de voluntad política y de diálogo entre transportistas y Municipalidad. ¿Cuál es el grado de reflexión y conciencia de las élites, sobre una inminente crisis mundial que tarde o temprano impactará este país? ¿Qué contingencia tiene prevista el Estado?
¿Qué le pasaría a esta sociedad si de la noche a la mañana ocurriera una catástrofe de hambruna generalizada, o una subida del precio de los combustibles a niveles extraordinarios? ¿Cuál es el grado de solidaridad de los guatemaltecos para enfrentar algo así, mientras se resuelven soluciones mundiales en las burocratizadas instancias como la FAO, el BM, el BID, la UE o las NU?
«Â¿Cuál es el grado de reflexión y conciencia de las élites, sobre una inminente crisis mundial que tarde o temprano impactará este país? ¿Qué contingencia tiene prevista el Estado?»
Julio Donis.
Sociólogo.