A pesar de que tanto el problema de la crisis alimentaria y los acontecimientos de Bolivia por las implicaciones que tiene para nuestro propio futuro son importantes y esta columna denunció la ingerencia de la NED en ese país, terminaremos con el tema que iniciamos la semana pasada, ya que también de una u otra forma todos están entrelazados.
Las mediciones de estos químicos arrojaron que la concentración atmosférica actual de CO2, de unas 380 partes por millón (ppm), se ha excedido en el pasado, como en el período de 1936 a 1944, cuando el nivel de CO2 estuvo entre las 393,00 y 454,70 ppm. «También hubo mediciones, con una tolerancia de 3%, de 375,00 ppm en 1885 (de Hempel en Dresde), 390,00 en 1866 (de Gorup en Erlangen), y 416,00 en 1857 y 1858 (de Von Gilm en Innsbruck). Irónicamente, aunque el aumento en 1940 estuvo correlacionado con un período de calentamiento atmosférico promedio, Beck y otros han demostrado que dicho calentamiento precedió al aumento en la concentración de CO». Sin embargo, la posición planteada por Al Gore, cuenta con algo que hoy por hoy pesa mucho: el apoyo y el dinero de Washington. La denuncia recorrió el mundo y los drásticos cambios climáticos, cíclicos según Beck y compañía, abonaron para que el mundo siguiera tras la posición del ex vicepresidente.
Otra carta estaba lanzada eficientemente a la «Hoja de Ruta». Era necesario que la última terminara de «poner la tapa al pomo». Y fue el propio John W. Bush quien se lanzó a la palestra con la finalidad de lograrlo. El efecto había sido logrado. El mundo entero se arrodillaba ante los evidentes cambios en el clima que, según ellos, confirmaban lo señalado por las piezas de la IPCC. Otro factor que en este momento les favorecía lo venía a representar los altos precios del petróleo. Altos precios que se encargan muy hábilmente de ocultar que son producto de los mecanismos económicos que el «libre mercado» inventa para explotar al mundo: Los derivados financieros. Esa verdadera ADM (arma de destrucción masiva), que mantiene en beneficio de los especuladores financieros, una constante corrida hacia arriba de los precios de ese vital y estratégico producto.
¡Era necesario tomar medidas para detener el alza!. Y Bush, como prestidigitador de categoría se sacó la respuesta de la manga. Los biocombustibles. Estos, no solamente eran amigables con el medio ambiente, sino permitirían al mundo liberarse de las tenazas de los países, que dueños de los recursos petroleros del mundo, chantajeaban a las democracias arrodillándolas ante el uso político de ellos. La fiebre del Etanol, como ayer lo fuera el oro, cundió rápidamente entre los países del mundo, especialmente aquellos que productores de alimentos, podrían desviar el uso de estos para convertirlos en combustible y que, ¡gracias al libre mercado, representaría mejores precios para los productores.
El granero que representa para el mundo el «Corn Belt» estadounidense, cerró las puertas de sus exportaciones y aquellos países, especialmente los que, bajo presión, o por la traición de sus diputíteres, firmaran TLC´s con los Estados Unidos, fueron los primeros que vieron cómo los alimentos empezaron a subir alarmantemente de precio. México, cuyo TLC del norte se encargó de destruir su sistema agrícola, se encontró de la noche a la mañana con el precio de las tortillas (el alimento base de la mayoría de su población) por la nubes. La tormenta no se hizo de esperar y la población inició actos de protesta, que en un campo seco fértil para los incendios, se convertían en sumamente peligrosos.
El mundo protestó débilmente. Emplear alimentos para elaboración de combustible, no solamente era inmoral, sino acarrearía sobre el mundo una grave escasez de alimentos. Guatemala es un importante país productor mundial de caña de azúcar. El recesito llegó a imponer su voluntad, acompañado de los poderosos aparatos aéreos y sus miles de agentes de seguridad, quienes asaltaron prácticamente la ciudad, convirtiendo aún más la ya casi inexistente soberanía en papel higiénico. También nuestro país se arrodilló ante el etanol y su futura bonanza. La trampa estaba colocada. El MNS200 estaba en vigencia. La «hoja de ruta» que iniciara su viaje antes de que los relojes del mundo marcaran el 000 del 2000 ha llevado incertidumbre a un mundo que ve con temor la presencia y la amenaza de hambruna mundial.
Jean Ziegler, experto especial sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU, añadió un aspecto adicional a la crisis: «el uso de alimento para elaboración de biocombustibles es «un crimen contra la humanidad». Millones de seres humanos en el Tercer Mundo habrán de morir para que los automóviles de los ricos se muevan. Las reacciones no se han hecho esperar, desde octubre de 2007 explosiones sociales han ocurrido en más de 40 países. Ziegler añadió: «Estas son explosiones de gentes desesperadas que al temer por sus vidas y la de los suyos han tomado las calles».
Rajat Nag, Director General del Banco de Desarrollo Asiático dijo que mil millones de asiáticos ya están en serio riesgo por la crisis y en Afrecha, Latinoamérica y los pobres en otros continentes aportarán otros mil millones para «redondear» las cifras del MNS200.
Por eso yo me pregunto, en Guatemala ¿Dónde está la inteligencia?