No dejan mucho espacio al optimismo


Los expertos en materia económica están llegando al acuerdo general de que estamos ya viviendo una época de recesión, pero en lo que no existe ni siquiera asomo de acuerdo es en cuanto a la duración de este perí­odo adverso y menos aún sobre cuán grave será el impacto final en la economí­a mundial. Ayer mismo el petróleo llegó a cotizarse por vez primera en ciento veinte dólares por barril, lo que nos indica que en cuestión de semanas se escala de diez en diez dólares y nadie se atreve a estimar cuál será el valor más alto que alcance ese producto.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Abundan las publicaciones sobre la raí­z de la crisis y se habla tanto del impacto de la demanda de China e India como de la especulación que ha florecido a la par de ese fenómeno, no digamos sobre el impacto que en la economí­a norteamericana ha tenido la burbuja inmobiliaria justo cuando el paí­s cayó en situación de un déficit fiscal histórico por la necesidad de financiar la guerra en Irak. Pero así­ como son de variadas las explicaciones que uno puede encontrar cuando se trata de averiguar las causas de la crisis económica, son también de variadas las opiniones y vaticinios respecto a su duración y envergadura.

Lo que si no hay en realidad es espacio para ser optimistas porque es evidente que sigue declinando el comportamiento de la economí­a en el mundo entero, que la inflación aprieta a todos los paí­ses y que los más dependientes de importaciones estratégicas como los combustibles y los alimentos son los que han de pagar mayores consecuencias en lo inmediato. Y a ello hay que agregar, como ingrediente criollo de la crisis, que las condiciones de pobreza existentes en paí­ses como el nuestro son agravantes porque la gente pobre es mucho más vulnerable cuando se produce una escalada general de precios.

Y sobre ese tema es que tenemos que trabajar intensamente porque preocupa ver que asoman ya las primeras manifestaciones de descontento por el aumento en el valor de los productos de la canasta básica y de los servicios indispensables, sobre todo el transporte. En Guatemala tenemos condiciones de ingobernabilidad desde hace mucho tiempo y las mismas se pueden exacerbar si la gente ve mermada su capacidad de subsistencia que es la única que tiene la mayorí­a de la población viviendo bajo el nivel de pobreza.

Y es que así­ como el gobierno se afana por lograr que sea aprobada la reforma fiscal porque no le alcanza su ingreso para cubrir sus necesidades, está la población del paí­s que empezará también a gestionar incrementos salariales que le permitan compensar el aumento en el costo de vida. Nadie mejor que el gobierno para entender dónde aprieta el zapato porque ellos mismos andan a la búsqueda de mejorar sus ingresos para cumplir con sus fines debido a que todo ha subido, todo se encareció y no sabemos hasta dónde vamos a llegar.

Pues con esa misma diligencia que se hace un esfuerzo por lograr que se incremente el ingreso fiscal, el gobierno tiene que empeñarse en buscar los compensadores sociales que permitan a la gente sobrevivir en una crisis que, en opinión de muchos expertos, puede ser la recesión que más tiempo dure de todos los últimos años por la combinación de factores que la desencadenaron y que se han ido concatenando de forma tal que a estas alturas ya puede hablarse de una variedad simultanea de causas, lo que hace más impredecible el futuro.