He recibido eficiente colaboración del departamento de relaciones públicas de Telgua, porque ya sea la licenciada Litza de Escobar o la periodista Claudia Massís, de inmediato atienden mis requerimientos cuando afronto problemas con el servicio de la Internet por medio de Turbonet o con el teléfono fijo de la casa que habito.
eduardo@villatoro.com
Distinto es el proceder de un trabajador de campo y un administrativo de esa empresa telefónica, o sus subsidiarias, como se los contaré en seguida. Ocurre que la semana anterior llamé a Telgua para reportar desperfectos en mi línea telefónica y pedí ayuda de Claudia. El viernes en la mañana llegó a solucionar el problema un joven técnico, quien me dijo que posteriormente resolverían totalmente el desperfecto, aunque ya tenía comunicación al exterior, con alguna deficiencia, pero tolerable. Al día siguiente, es decir, el sábado 3, al intentar enviar y recibir mensajes por el servicio de Turbonet, no pude hacerlo porque el teléfono de la casa estaba totalmente «mudo y sordo».
Ayer en la mañana opté por llamar de nuevo a Telgua, por un teléfono móvil. Recibió la llamada alguien que dijo llamarse Francisco Gómez, quien, después de varios minutos de fastidiosa espera, me indicó que se trataba de un desperfecto en todo el sector donde resido -pese a que en las casas vecinas los teléfonos funcionaban normalmente, como yo lo pude comprobar-, y que el problema lo resolverían en 5 días hábiles. Toda una semana.
Decidí llamar a un amigo que trabajó en Guatel, a quien le conté que la tarde del viernes otro trabajador de Telgua estuvo maniobrando los cables de la caja terminal que corresponde a mi teléfono y comunicándose con indeterminadas personas.
Mi camarada comprobó que en esa caja aquel sujeto desconectó los cables del teléfono de la casa, hizo llamadas por esta línea, no volvió a hacer la conexión, y por eso yo no tenía servicio telefónico ni de Internet. Es decir, que además de que el embustero Francisco Gómez, de Telgua, me mintió sin inmutarse, un bellaco compañero suyo me aisló telefónica y cibernéticamente, mediante una acción de impertinente e impune irresponsabilidad, y hasta tuvo el descaro de hacer llamadas, posiblemente al extranjero, que tratarán de endosar a la factura que yo recibiré este mes.
La persona que solucionó el problema mediante la simple conexión de unos cables, me indicó que es frecuente que trabajadores de Telgua o de sus empresas subsidiarias procedan de la manera que he descrito, haciendo llamadas internacionales al utilizar líneas de teléfonos privados.
¡Es una verdadera sinvergí¼enzada!
(Mi compadre Romualdo Tishudo me comentó: Estoy seguro que si planteás tu queja en la Diaco, allí no moverán un solo dedo, sobre todo porque se trata de una compañía transnacional).