Tuve el privilegio de ser un funcionario de alto nivel en el Gobierno del doctor Juan José Arévalo teniendo a mi cargo la Jefatura del Presupuesto Nacional dentro del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, llamado hoy Ministerio de Finanzas Públicas; mi nombramiento fue emitido en la Presidencia de la República siendo el secretario general de la Presidencia de la República el Lic. Ramiro Ordóñez Paniagua. El Ministro era el contador Alfonso Padilla I. quien tenia una basta experiencia en asuntos fiscales, además me recibió amablemente, pues el cambio de jefes del presupuesto se efectuó en su ausencia; la gran cosa fue que me conocía porque trabajamos anteriormente como Inspectores en la Contraloría del Impuesto sobre Utilidades. En ese año 1952 yo tenia 29 años y ya había gozado de una beca del Gobierno de los Estados Unidos para estudiar banca en uno de los grandes bancos como es el American Trust Co. de San Francisco California; a mi regreso estaba trabajando en la Superintendencia de Bancos como auditor; cierto día haciendo una revisión en el Banco de Guatemala, llegó como a las tres de la tarde a buscarme un amigo llamado Gonzalo Enrique Sandoval quien me dijo: vengo de la Presidencia de la República a proponerte el puesto de Jefe del Presupuesto Nacional y me tienes que contestar si aceptas de una vez, pues están esperando para hacer el nombramiento; como estaba cansado de ser uno de los auditores de la Superintendencia de Bancos sin posibilidades de ascenso, pues acepté inmediatamente; al día siguiente se me dio posesión y mi Despacho estaba en una oficina vecina al Despacho del Ministro, la razón de mi llegada a tan importante cargo se debió a que mi antecesor en el mismo, un contador de apellido Rosal, estaba haciendo política partidista en un cargo en que se debe ser imparcial, ya que lo que se maneja es de interés general pues abarca todos los ministerios del ejecutivo sin preferencias de partido alguno. Yo puse mi mejor empeño en el interés general haciendo malabarismos con los ingresos fiscales que son estaciónales y erráticos, unas veces abundantes y otras muy menguados.
Lo primero que hacia en la mañana era examinar el reporte que enviaba el Banco de Guatemala con el monto de la cuenta monetaria – Fondo Común, con la suma disponible para yo poder efectuar la asignación de esos fondos para el pago de las partidas y compromisos urgentes; a Dios gracias en los tres años que estuve al frente del presupuesto nacional no se dio ni una huelga ni un reclamo por desatención de mi parte en la colocación de los recursos en los sectores clave, aplicando mi sentido social, siempre asigné los pagos en primer lugar a los sectores más necesitados como los son los trabajadores en planilla de Obras Públicas a los que semanalmente los inspectores les daban una tarjeta por los días trabajados, quienes al no llegar el pago en efectivo de parte de los pagadores del Ministerio a tiempo, se veían forzados a negociarlas con agiotistas o con los tenderos y comedores para cubrir sus gastos vitales, en segundo lugar hacia la situación de fondos para efectuar las remesas bancarias al servicio diplomático en el exterior, que también suelen pasar apreturas ya que las cantidades asignadas son bastante reducidas. Ahora que contemplo a la distancia que dan los años, veo el enorme poder que tuve en mis manos pues efectué cambios al presupuesto de unas partidas a otras habiendo efectuado más de ciento cuarenta decretos de presupuesto en Consejo de Ministros, que dieron por resultado que el presupuesto ejecutado fuera notablemente diferente del aprobado por el Congreso, aplicando un criterio eminentemente económico.
Durante los tres años que menciono ni el Ministro de Hacienda ni el Presidente de la República me dieron una orden de pagar o no pagar algo, es más, el Presidente de la República, me mandaba algunas veces personas con un papelito de su puño y letra con una leyenda así: «Pase al mago de las finanzas para que vea si puede saciar esta sed», y yo veía la mejor manera de solucionar el caso.
Cuando el Ministro salía de gira o de viaje, me decía: «Mario no voy a estar varios días así que le encargo el Ministerio y allí de acuerdo con el Viceministro vea que no pase nada inconveniente», así que me quedé varias veces a cargo del Ministerio.
Entre los personajes que el doctor Arévalo me mandó para que yo les solucionara sus problemas con el fisco está don José Matos con el Lic. Gonzáles para ver la forma de pagar el adeudo del Estado por haberse apropiado de AVIATECA y el otro caso fue el de la Automotriz de Guatemala cuyo representante era el Lic. José Falla Aris, hombres todos muy poderosos y distinguidos, lo que me permitió conocerlos y lograr su aprecio por la forma en que pude solucionar sus problemas.
En mi primer año al frente del presupuesto, encontré que no se había contemplado la partida para efectuar la cancelación del saldo pendiente con Inglaterra por la deuda del Ferrocarril de los Altos; así que hice los ajustes necesarios para efectuar la cancelación y mantener así el buen crédito de la Nación.