Pionero en materia de lucha contra el sida, Brasil ahora ataca la malaria con una medicina simple y barata, y se coloca como ejemplo en la lucha contra las enfermedades descuidadas que afectan con rigor a los países pobres del Sur.
Para combatir la enfermedad que sufren un millón de personas en América Latina, de las cuales la mitad están en el gigante sudamericano, Brasil primero reforzó su dispositivo de prevención.
Desde 2003, desarrolló una red de diagnósticos y aumentó el número de agentes de salud en la Amazonia, que concentra el 99.7% de los casos, gracias a lo cual la malaria dejó sólo 59 muertos en 2007.
«En 2003, 48% de los casos comenzaban a ser tratados a menos de 48 horas después de la aparición de los síntomas. Hoy es el 56%. Es muy importante, porque esto evita hospitalizaciones y muertes», dijo un responsable del ministerio de Salud, Fabiano Pimentel.
Y desde hace algunos días Brasil dispone de una nueva arma para esa lucha: una medicina lanzada por el laboratorio público brasileño Fiocruz contra este parásito tropical.
El proyecto fue desarrollado en colaboración con la fundación DNDI (Iniciativa para las medicinas en favor de las enfermedades descuidadas), una organización sin fin de lucro fundada en 2003 a instancias de Médicos Sin Fronteras.
Otras medicinas, contra la enfermedad de Chagas y el dengue, están también en curso de estudio.
«La importancia del nuevo medicamento antimalaria es que nació de una iniciativa de países emergentes para desarrollar sus propias tecnologías en el campo farmacéutico», declaró Carlos Gadelha, vicepresidente del laboratorio Fiocruz.
Según este responsable, de 180 mil millones de dólares al año concedidos a la búsqueda médica mundial, menos de 3% son orientados hacia las enfermedades descuidadas, plagas que afectan sin embargo a cerca del 90% de la población mundial.
«El fin es permitir acceder a las poblaciones más pobres a las medicinas más sofisticadas, un paso que los países ricos no harán», afirmó.
El nuevo antimalaria (ASMQ), en el cual fueron invertidos unos doce millones de dólares en cinco años, propone un tratamiento simplificado contra la enfermedad que provoca fiebres intermitentes y se debe a un protozoario transmitido por la picadura de un mosquito (Anophelo).
Tomado durante tres días por los adultos y los niños, el tratamiento curativo combina por primera vez dos medicinas suministradas hasta aquí por separado, el artesunato (AS) y la mefloquina (MQ).
«Asociar estas dos drogas conocidas no fue cosa fácil. Esto demandó cinco años», declaró Carlos Morel, uno de los directores de Fiocruz. «Antes, el enfermo debía tomar dos medicinas alternadas durante varios días, se equivocaba o abandonaba el tratamiento tan pronto como se sentía un poco mejor», acotó.
Afirmó además que el AMSQ, sometido a prueba en cerca de 23 mil personas, había tenido «resultados espectaculares»: una caída del 70% de los casos y de las hospitalizaciones en un año.
El embalaje de la medicina es ilustrado para facilitar su utilización por parte de analfabetos, numerosos en Amazonia, la región más pobre y aislada de Brasil.
Vendido al precio de 2,5 dólares por adulto en América Latina, el medicamento será distribuido gratuitamente en Brasil.