El Presidente de la República expresó ayer su malestar ante las críticas que recibe en los medios de comunicación y dijo que vienen de gente que él nunca convenció en sus sucesivas campañas y que tampoco las va a convencer ahora desde el poder. Agregó que su compromiso es para ejecutar un plan que recibió el respaldo de la población, dando a entender que le tienen sin cuidado las críticas en su contra, especialmente aquellas que se refieren a la forma en que viaja, a los relojes que usa y hasta a la forma en que su esposa se viste.
La relación entre los gobiernos y la prensa es siempre difícil y se vuelve conflictiva en la medida en que las posiciones de uno y otro lado se vuelven intransigentes. Pero en todo caso es importante señalar que tanto el Gobierno como los comunicadores sociales tienen que tener en mente que el tema de fondo, lo principal en la agenda de sus respectivos campos de acción, es el país y por lo tanto se tienen que desterrar otro tipo de consideraciones que puedan hacer que se pierda la objetividad. Creemos que tan malo como el vínculo estrecho y complaciente que hubo entre un sector de la prensa con el gobierno anterior puede ser una confrontación sistemática.
Y en ambos casos no se puede ver la responsabilidad sólo del lado del Gobierno o sólo del lado de la prensa, porque en realidad hacen falta las dos partes para que se llegue a esas situaciones. Creemos que la prensa no es ni debe ser el principal ni mucho menos el único contrapeso al poder público, porque si bien la información es crucial en el sistema de equilibrios de poder, al asumir un papel de juez supremo, de fiscalizador último, se pierde la objetividad en el traslado de la información y eso no le conviene ni a los ciudadanos, ni al poder público ni tampoco a la prensa misma.
Es difícil entender qué es primero, si el huevo o la gallina en esto de los conflictos entre la prensa y el Gobierno. Lo que genera el distanciamiento total puede ser una actitud de crítica persistente de la prensa, pero también puede ser una actitud de gobierno que de entrada considera toda crítica como producto de malas intenciones y de aberrantes intereses.
La verdad es que cada quien tiene su propio rol en la sociedad y la prensa tiene el deber de informar con objetividad y el Gobierno de ejercitar el mandato recibido. Como resultado del ejercicio de información, se derivan opiniones que se reproducen, cabalmente, en los medios de comunicación y que son las que al final más molestias causan porque aquí se trata ya de exposiciones subjetivas, producto de la particular visión de quienes las elaboran. Cuatro años de pleito es malo para todos, sobre todo si eso es producto de percepciones equivocadas.