«El Teatro guatemalteco debe resistir y embellecerse, ennoblecerse, y aún más, hacerse uno»
Luis Escobedo
De siempre el hombre ha representado. Y desde tiempos ya remotos el hombre de teatro ha marcado caminos dejando su huella en las sociedades a las que critica, festeja y satiriza.
En 1948 se crea el Instituto Internacional de Teatro con el auspicio de la Unesco y en 1961, se propone el 27 de marzo como el Día Mundial del Teatro.
Ya a mediados de los 70, en Guatemala se realizaron acciones para conmemorar esta fecha, pero es hasta este 2008 que se logran reunir instituciones y artistas y realizar una representación colectiva que iniciando a las 10 horas finalizaría 12 horas después involucrando distintos espacios escénicos.
Retomando la tradición instituida en 1962 de invitar a una personalidad del teatro, para escribir el Mensaje Internacional, los organizadores en nuestro país decidieron nombrar al actor Luis Escobedo para dirigir el mensaje, quien finaliza su propuesta así: «Compañeros y compañeras, volvamos en búsqueda de lo más espiritual y valiente que poseemos: el Ser, hagamos lo nuestro con lo nuestro (…) Aquí somos necesarios, aquí. Aquí donde diariamente se mata de hambre o a balazos, aquí donde se vive con dolor de pecho, con la pena de estar vivo y de no poder decirlo (…) Aquí hace falta la sonrisa del payaso, el acto subversivo del histrión, la pluma esperanzada del poeta (…) Sí, nuestro oficio es necesario y a nosotros nos toca engrandecerlo.»
Lo que resulta muy interesante si observamos las actuales propuestas teatrales, pocas y casi vacías de contenido, acción, emoción y hasta de actuación y las comparamos con las de los años cruentos de la represión en que los actores y actrices interpretaban obras de grandes autores, o creaciones colectivas con verdaderos mensajes sociales y políticos enmarcadas en excelentes actuaciones y direcciones.
Toca ahora entonces a las nuevas generaciones replantearse su tarea y ofrecernos propuestas interesantes que como decir de Robert Lepage, actor y director canadiense elegido para enviar el mensaje a nivel internacional este año.» La supervivencia del arte teatral depende de su capacidad para reinventarse, asimilado nuevos utensilios y nuevos lenguajes. Si no, ¿cómo podría continuar siendo el teatro testigo de los grandes acontecimientos de su época y promover el entendimiento entre los pueblos si no se diese pruebas de apertura? ¿Cómo podría jactarse de ofrecer soluciones a los problemas de intolerancia, exclusión y racismo, si en su misma práctica rechazase cualquier mestizaje o integración?