En Guatemala, la tarea de escribir opiniones, comentarios y críticas, ha sido desde siempre muy pero muy difícil; porque quien lo hace no queda bien con la diversidad de personas que puedan pensar diferente sobre un mismo tema. En ello radica lo difícil de escribir y expresar ideas, conocimientos y juicios, que por alguna razón en especial afectan de manera especial a quienes se consideran poseedores de la verdad verdadera.
El privilegio de la expresión escrita que los columnistas, editorialistas, comentaristas y críticos manifestamos en las páginas de los diferentes medios de comunicación, provocan escozores según sea la formación ideológica de las personas que leen los diarios de Guatemala; sin embargo, así como hay comentarios de felicitación, lo hay también de opinión contraria, lo cual enriquecería una polémica de altura.
Hay personas que expresan su inconformidad con las ideas vertidas por quien escribe, de manera atenta, educada, fundamentando sus argumentos y sugiriendo algunas posibles alternativas a los problemas o cuestiones planteadas; también se reciben mensajes de inconformidad en términos chuscos, vulgares, ofensivos y hasta denigrantes hacia la misma persona que supuestamente los envía, porque denota su incultura, intolerancia e imprudencia respecto de las opiniones publicadas.
El objetivo de escribir opiniones, comentarios y críticas hacia funcionarios estatales así como privados, empresas públicas y privadas, instituciones autónomas, semi autónomas y algunos entes de Gobierno, en un medio tan importante y de tradición como lo LA HORA, es para llamar la atención de los/as mismos/as respecto de sus conductas de trabajo, políticas o líneas de acción que desarrollen o establezcan en busca de alcanzar sus objetivos. Pero… no lo sabemos todo, ni nos preciamos de ello; de manera simple escribimos nuestras opiniones, y éstas en su proyección difusa, se esparcen y llegan a diferentes lectores/as quienes algunas veces estarán de acuerdo y otras no.
Al respecto, se observa en la población altos índices de analfabetismo funcional, lo cual representa en Guatemala un grave problema educativo de comprensión y análisis respecto de lo que se lee; ello no lo podemos corregir nosotros quienes escribimos, en los sectores de la población, que no importando su estrato económico, hacen gala del mismo en diferentes oportunidades y circunstancias.
Acudir a la diatriba para refutar conceptos, ideas, comentarios, críticas y opiniones, no es válido en personas que pretenden ser poseedores de la única verdad. El improperio, insulto, ofensa y maltrato como vía directa para dar a conocer su disentimiento, sólo expone a sus emisores como parte de la intolerancia que tanto daño hizo y hace a Guatemala.