Los combates entre las tropas iraquíes y los milicianos chiitas alcanzaron este jueves de madrugada la ciudad de Kut y proseguían en la sureña Basora, donde un oleoducto fue saboteado.
Varias horas de escaramuzas en Kut (a 170 km al sureste de Bagdad) causaron al menos 44 muertos entre los milicianos y las fuerzas de seguridad, según el jefe de la policía de esta ciudad chiita, general Abdul Hanin Al Amara.
Con ellos asciende a 105 el balance parcial de las víctimas mortales desde el estallido de estos enfrentamientos el martes, según un cómputo de la AFP. Los combates ocasionaron asimismo cientos de heridos.
Al mismo tiempo, grupos de seguidores del clérigo radical chiita Moqtada Sadr, al mando de la poderosa milicia del Ejército del Mahdi, se manifestaban en Bagdad para exigir la dimisión del primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki.
Este último había anunciado su intención de meter en cintura a quienes llama «forajidos». El movimiento sadrista, por su parte, pone en entredicho su legitimidad y exige una mayor representación en las instancias del poder.
El primer ministro supervisa directamente la operación militar denominada «La carga de los caballeros», emprendida el martes contra el Ejército del Mahdi en Basora, el gran puerto petrolero situado a 550 km al sur de Bagdad, donde viven 1,5 millones de habitantes.
En el cuartel general de Jumhuriya, en Basora, se oían el jueves explosiones de obuses de mortero y de cohetes entre disparos de armas automáticas, señaló un corresponsal de la AFP. Las calles de la ciudad estaban desiertas y las instituciones y comercios permanecían cerrados.
Un oleoducto aledaño fue blanco de un sabotaje que afectó a las exportaciones petroleras del país, según Samir Al Maksussi, portavoz de la South Oil Company, la compañía a cargo de los campos en esta región. El incendio fue sofocado, pero las reparaciones podrían llevar dos o tres días.
Las escaramuzas de Basora se han propagado a otras zonas sureñas y a algunos barrios chiitas de Bagdad.
En Kut, los combates nocturnos opusieron a los milicianos chiitas y las fuerzas iraquíes apoyadas por unidades estadounidenses, según el general Amara.
«Cuarenta insurgentes resultaron muertos y 75 heridos, y cuatro policías murieron», aclaró. Y agregó: «Los combates cesaron y la policía tomó el control de los barrios donde se han desarrollado los enfrentamientos».
Grupos de partidarios de Moqtada Sadr se manifestaron el jueves sin causar incidentes en los bastiones bagdadíes del movimiento: el nororiental Sadr City y Kadimiya, en la orilla occidental del Tigris.
El barrio popular de Sadr City, habitado por más de dos millones de personas, ha quedado completamente aislado por cordones policiales y las tropas estadounidenses.
«Â¡Maliki, eres un traidor! ¡Maliki es un agente estadounidense! ¡Maliki, vete del Gobierno!», gritaba la muchedumbre.
En Kadhimiyah, los manifestantes exhibieron un ataúd sobre el que habían colocado un retrato del primer ministro rodeado de una bandera estadounidense y distribuyeron octavillas exigiendo la dimisión de Maliki y el fin de los combates.
«Esta manifestación exige la dimisión del gobierno Maliki que ha demostrado haber fracasado», declaró a la AFP Cheij Ayad al-Kaabi, un responsable sadrista.
Varios emisarios del gobierno iraquí y de Sadr han mantenido contactos el jueves para intentar aplacar la violencia, según Liqa ali Yassin, diputado del bloque sadrista en el Parlamento.
El miércoles, Maliki dio 72 horas de plazo a los milicianos para que depusieran las armas. Moqtada Sadr exigió, por su parte, al primer ministro que negocie para poner fin a los combates.
Por otro lado, el portavoz civil del plan de seguridad de Bagdad, Tahsin Al Sheijli, fue secuestrado el jueves en su domicilio de la capital iraquí por un grupo de hombres armados, informaron fuentes de seguridad.
El primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, prometió hoy proseguir la ofensiva contra las milicias chiítas de Basora (sur), donde los combates de los últimos tres días dejaron una veintena de muertos y centenares de heridos.
«Hemos venido a Basora por invitación de los civiles, para cumplir con nuestro deber nacional y protegerlos de las bandas que los han aterrorizado», declaró Maliki en un comunicado divulgado por su oficina.
Las fuerzas armadas iraquíes lanzaron hace tres días una ofensiva contra bastiones de las milicias del Ejército del Mahdi, del clérigo radical chiíta.
Maliki dirige personalmente las operaciones desde Basora.
«Prometemos enfrentar a los criminales y a los individuos armados, y nunca romperemos esa promesa», afirmó.
El primer ministro, de confesión chiíta, excluyó cualquier diálogo con los «criminales».
«Consideramos que negociar con forajidos es contrario a nuestra Constitución. La única opción que tienen es la de desarmarse y dar garantías de que acatarán la ley», subrayó el jefe de gobierno iraquí.
El miércoles, Maliki emplazó a los milicianos a deponer las armas en un lapso de 72 horas.
Moqtada Sadr reclama por su lado negociaciones y lanzó una campaña nacional de protestas contra los «ataques» lanzados por el gobierno contra su movimiento.