Un llamado a la conciencia


El dí­a de ayer asistí­ a una conferencia magistral dictada por Leonardo Boff, el teólogo de la liberación. Y digo magistral porque sus palabras llevan a la reflexión, buscan que ese algo que todos tenemos dentro se libere y sienta, porque, evidentemente, el estrés, la sobrevivencia y en muchos casos el dolor nos envuelven en una capa de insensibilidad, de frialdad y de indiferencia.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

Al escucharlo me hubiera gustado ver ese salón lleno de polí­ticos, de funcionarios públicos, de empresarios (de esos que en pro del desarrollo mutilan el planeta), y de muchos otros de organismos y organizaciones cuya preocupación fundamental es salir fotogénicos en las páginas de sociales y ganar más dinero mientras «ayudan» a este pobre paí­s tercermundista.

Hubiera sido maravilloso que estuvieran allí­ para ver sus rostros enrojecer al sentirse responsables, en parte, de la debacle que vive el paí­s, el mundo, los seres humanos, y para que quizá ese algo de humanidad aflorara también en ellos, tocara su corazón, sus almas, sus cuentas bancarias y procuraran un poco por el bienestar de Guatemala y de toda su gente.

Boff señaló cinco puntos que él considera la base para el cambio. La sensibilidad, es decir antes de la razón el sentimiento, tener empatí­a, escuchar, compartir, en otras palabras: vivir. El segundo punto que dictó fue el cuidado, cuidar como actuamos, porque todo lo que hacemos repercute en nosotros y en los demás, cuidar nuestra salud, nuestra psique, a nuestros vecinos. Y ligado a eso viene la responsabilidad ilimitada, darnos cuenta de las consecuencias de nuestras acciones, de donde se desprenden ejemplos clásicos de cómo una acción errada puede devastar el mundo; ahí­ está esa guerra sin sentido de Estados Unidos contra Irak, bueno, del gobierno de ese paí­s en repetidas veces contra el mundo.

Este maestro hizo referencia también a la cooperación y la solidaridad y me pareció oportuno recalcar esas palabras que, además, son lema ahora en el gobierno porque la mayorí­a de personas vivimos más que en un mundo de cooperación, en un mundo de competencia, ser solidarios, cooperar, ayudar: dar, esa es la palabra con la que concluyo ese punto.

Y por último mencionó la espiritualidad, una palabra que a veces nos asusta porque inmediatamente la ligamos con cuestiones religiosas, con el fanatismo, las manos en alto, el rosario empuñado, los diezmos que enriquecen a unos cuantos… pero va más allá, se traduce a la esencia, a ese vivir en armoní­a, respetando la tierra, que nos sostiene, que nos alimenta, que nos fortalece, respetando las creencias de los demás, valorando las nuestras: fe, sueños, ilusiones, esperanzas, amor, todo se incluye en la espiritualidad.

Cosas sencillas, pero que las prisas, la violencia, la corrupción, el abuso de los que tienen poder y dinero van borrando, cosas simples que de llevarlas a cabo nos darí­an como resultado una mejor vida, un mundo más sano, sin calentamientos globales, guerras, inundaciones y soledad.