El partido político que encabezará el primer gobierno democrático de la pequeña nación himalaya de Bután prometió hoy ser «guiado por el pasado» tras su histórica victoria.
La democracia más joven del mundo otorgó un éxito abrumador ayer al Druk Phuensum Tshogpa (DPT) o Partido Unificado de Bután, dirigido por un ex primer ministro que se comprometió a impulsar el desarrollo, así como la felicidad.
El DPT obtuvo 44 de las 47 bancas de la cámara baja en una votación sin precedentes propuesta por la realeza de Bután para transformar pacíficamente a esta pequeña nación budista, encerrada entre dos grandes vecinos, India y China, en una monarquía constitucional.
Este resultado asombró incluso a la agrupación ganadora, que tiene pocas diferencias con su rival: ambos partidos son leales a la familia real y los dos prometieron fidelidad a la Felicidad Nacional Bruta para medir el crecimiento.
El líder del DPT, Jigmi Thinley –quien seguramente será primer ministro– se encontraba en su circunscripción electoral, en el este de Bután, y no fue posible ponerse en contacto con él para entrevistarlo.
Jigmi Thinley, de 55 años, educado en Estados Unidos, fue dos veces primer ministro durante los anteriores gobiernos reales. Es uno de los artífices de los esfuerzos de esta nación, cuyo tamaño es similar al de Suiza, para medir su crecimiento y prosperidad en términos de felicidad.
Su obsesión con la felicidad podría haber inclinado la balanza a favor de su partido en estas elecciones, indicó un observador, aprovechando los vínculos familiares de la oposición con la monarquía.
El partido ganador se ha abstenido de celebrar estruendosamente su victoria mientras esta conservadora nación espera que termine el período de 10 días para que los candidatos opositores impugnen los resultados.
La comisión electoral de Bután debe ratificar la victoria el 5 de abril, permitiendo que el partido ganador forme gobierno.
Sin embargo, se espera que el rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, educado en Oxford, conserve una fuerte influencia en la dirección de este aislado país, que controla estrictamente el ingreso de extranjeros.
Antes de que la dinastía de este monarca tomara el poder, hace más de un siglo, la «Tierra del Dragón Rugiente», que nunca fue colonizada, estaba dividida en numerosos feudos locales.
Bután no tuvo carreteras, teléfonos ni moneda hasta los años «60, y recién permitió la televisión en 1999.
La elite educada ha dominado tradicionalmente la política, y sólo los universitarios pudieron competir por los 47 escaños de la nueva Asamblea Nacional.
Este reino comenzó su camino hacia la democracia en 2001, cuando el ex rey Jigme Singye Wangchuck entregó el manejo de los asuntos corrientes a un consejo de ministros y abdicó a favor de su hijo, a fines de 2006.
El lunes, Estados Unidos congratuló a Bután por las elecciones.
«Este acontecimiento marca otro paso positivo en la transición de Bután hacia una monarquía constitucional democrática», dijo el portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack.