China afirmó que libra una «lucha a muerte» en Tíbet y anunció la rendición de 105 agitadores en Lhasa, en tanto que el Dalai Lama volvía a llamar al diálogo tras los disturbios que, según los defensores de la causa tibetana, dejaron decenas de muertos y centenares de detenidos.
«Libramos una lucha a muerte con la camarilla del Dalai Lama», proclamó Zhang Qingli, secretario del Partido Comunista de la Región Autónoma de Tíbet, citado el miércoles por el Diario del Tíbet.
Zhang calificó al Dalai Lama de «lobo vestido de monje» y «monstruo con cara humana pero con corazón de animal» y llamó a los responsables chinos a no bajar la guardia.
Esta diatriba va en sentido contrario de los llamamientos que en los últimos días se multiplicaron en occidente para que el gobierno chino entable un diálogo con el Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano y Premio Nobel de la Paz.
El papa Benedicto XVI se sumó el miércoles por primera vez a esos llamados, al afirmar que «la violencia no resuelve los problemas» sino que los «agrava».
«Sigo con gran ansiedad las informaciones que nos llegan estos últimos días de Tíbet. Mi corazón de padre siente tristeza y dolor frente al sufrimiento de tantas personas», dijo el Papa ante miles de fieles en la plaza de San Pedro.
El Dalai Lama reiteró el miércoles desde Dharamsala (norte de India), donde vive exiliado desde 1959, su ofrecimiento al diálogo, hecho la víspera.
«Los chinos nunca solucionarán la cuestión tibetana mandando tropas. La única manera es reunirnos frente a frente, entablar el diálogo y alcanzar una solución mutuamente beneficiosa», dijo uno de sus principales asesores, Tenzin Talkha, dando cuenta de la posición del líder budista.
Las autoridades chinas prometieron un trato de clemencia para los manifestantes que se rindiesen antes del miércoles y, según la agencia oficial Nueva China, 105 personas se habían entregado el martes por la noche.
El vicepresidente de la región tibetana, Baema Chilain, aseguró que todos ellos participaron en los motines y «algunos devolvieron el dinero que habían robado».
Según las autoridades chinas, los disturbios en Lhasa, la capital regional, dejaron 13 muertos, todos ellos víctimas «inocentes», asesinadas salvajemente por «agitadores tibetanos».
Los tibetanos en el exilio hablan por su lado de por lo menos 100 manifestantes muertos, tanto en Tíbet como en otros enclaves tibetanos de China, donde también se señalaron manifestaciones.
Grupos pro tibetanos denunciaron además centenares de arrestos en todas esas regiones.
La organización no gubernamental estadounidense Human Rights Watch expresó su temor de que los detenidos sean «maltratados o torturados».
El primer ministro chino, Wen Jiabao, afirmó el martes que tenía «las pruebas» de que los disturbios de Lhasa fueron «fomentados y organizados por la «camarilla del Dalai Lama» para «sabotear los Juegos Olímpicos»» de Pekín.
El Comité organizador de los Juegos, que se inaugurarán en agosto, descartó el miércoles que los llamados al boicot que se multiplicaron en los últimos días tengan gran impacto.
«Pensamos que la mayoría de las personas en el mundo tomará la buena decisión y participará en los Juegos Olímpicos y en la ceremonia de apertura», declaró el vicepresidente del Comité, Jiang Xiaoyu.
El funcionario afirmó además que la antorcha olímpica entrará en China en mayo por el Everest (la montaña más alta del mundo, en el Himalaya) y que transitará por el Tíbet, sin ninguna modificación del programa previsto.
Las manifestaciones en Tíbet se iniciaron el lunes 10 de marzo, con motivo del 49 aniversario de una frustrada insurrección anti-china en 1959.
Las autoridades retomaron el control de la ciudad el sábado siguiente, pero los periodistas extranjeros tienen vedado el acceso a la región.
El Dalai Lama, de 72 años, negó el martes estar detrás de los disturbios, reiteró que sus reivindicaciones se limitaban a una mayor autonomía para los tibetanos -excluyendo la independencia- y pidió a sus fieles evitar actos de violencia, porque «la violencia es contraria a la naturaleza humana».