Semana «Santa»


Quienes nacimos en el siglo pasado y pertenecemos a la tercera edad, podemos comparar cómo las costumbres de nuestra Guatemala han cambiado.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

La Semana Santa era motivo de recogimiento, abstinencia, de actos de meditación y constricción, de expresiones espirituales y religiosas. El Domingo de Ramos se asistí­a a misa y se obtení­a uno de los ramos benditos que se conservaba durante todo el año en nuestros hogares.

Como actos externos de fe, el Domingo de Ramos se iniciaba con la procesión de la borreguita y se esperaba con ansiedad la procesión de la imagen del Cristo de la Candelaria. A mediados de semana ya no se utilizaba el automóvil, si es que se tení­a uno, pues se consideraba una falta de respeto y por ello, la tradicional visita de altares se hací­a caminando alegre y conjuntamente con toda la familia, de iglesia en iglesia rezábamos un rosario ante el Sagrario donde se encontraba expuesta la Eucaristí­a.

Mi familia en particular, por vivir en la zona 2, visitaba la Iglesia de la Asunción y continuábamos por la Sexta Avenida a San Sebastián, de ahí­ a San Francisco, Santa Clara, retornando a Belén, Capuchinas, Santo Domingo para concluir en la Santa Catedral.

Como gratificación nuestros papás compraban una caja de deliciosas empanadas de leche en la pastelerí­a La Lutecia o en el Parque Central. El dí­a Viernes Santo no podí­amos alzar la voz y desde temprano nos desplazábamos y nos colocábamos cerca de Catedral para poder ver el paso de la impresionante procesión de Santo Domingo y con suerte caminábamos para alcanzar a ver la bella procesión de El Calvario. A las tres de la tarde, independiente de donde nos encontráramos, debí­amos orar por ser el momento en que Cristo fue crucificado. El dí­a Sábado de Gloria esperábamos que se cantara Gloria y así­ apalear a Judas. El Domingo de Resurrección concluí­amos con misa y visita a ver la procesión de Resurrección, terminando así­ una semana de actos y tradiciones religiosas.

Durante mi adolescencia este programa se vio transformado por ser miembro del cuerpo de acólitos de la Catedral que serví­amos al Arzobispo de Guatemala, Monseñor Mariano Rossel y Arellano. Esto implicaba que independientemente de nuestras tradiciones familiares, acolitábamos varias pontificales, lo que significaba que miércoles, jueves, viernes y domingo debí­amos de estar toda la mañana en la Catedral Metropolitana y que el jueves en la tarde asistí­amos a la ceremonia donde el Arzobispo lavaba los pies de doce ancianos en recuerdo a este mismo acto que nuestro Señor Jesucristo habí­a hecho a los apóstoles.

Hoy la Semana «Santa» se ha transformado. Las familias, los niños en una gran mayorí­a se preguntan dónde pasarán «el descanso», en las playas del Pací­fico, del Atlántico, en Centroamérica, México o en cualquier otro paí­s. El concepto espiritual se ha perdido, son pocas las familias que lo conservan y muchos confunden el ponerse el traje de cucurucho, el hacer alfombras con el respeto y tradición religiosa y espiritual. ¿De quién es la responsabilidad? Del padre y de la madre. Bello, edificante, conveniente serí­a recobrar la tradición espiritual.