A los 29 años del asesinato de Colom Argueta


El asesinato de Manuel Colom Argueta fue el epí­logo de una lucha sin armas, fue un acto de barbarie y un atentado contra la inteligencia. El próximo Sábado de Gloria, 22 de marzo se cumplirán 29 años de ese condenable crimen que se produjo bajo los fuegos de la novedosa forma de genocidio que se generalizó en Guatemala en la década de los años 70, los ataques a plena luz del dí­a contra dirigentes polí­ticos, campesinos, obreros, miembros de organizaciones populares, estudiantes y profesionales, que curiosamente nunca fueron aclarados por las autoridades.

Félix Loarca Guzmán

Manuel Colom Argueta era tí­o del actual presidente de Guatemala, ílvaro Colom. La historia lo recuerda como el mejor Alcalde de la capital de Guatemala y al momento de ser asesinado en una de las calles la zona 9 de esta ciudad se le consideraba como el máximo lí­der de la oposición. En su calidad de Jefe del Ayuntamiento generó el primer estudio de planificación para el ordenamiento metropolitano y fue tenaz luchador por la democracia.

Guatemala viví­a en 1979 ante un gobierno autoritario de corte militar en el contexto del conflicto armado interno iniciado en 1960 y que concluyó en 1996 con la firma de los Acuerdos de Paz, cuyos protagonistas principales fueron el Ejército Nacional apoyado por grupos poderosos vinculados a las elites económicas locales con la simpatí­a de la Casa Blanca, y organizaciones de guerrilleros de inspiración izquierdista.

En el curso de los casi 29 años transcurridos desde la fecha en que se llevó a cabo el asesinato, algunos analistas y estudiosos del tema han formulado diferentes hipótesis sobre el origen de esa ejecución extrajudicial. Todos coinciden en que los sectores militares que mataron a Colom Argueta querí­an invalidar un cambio por la ví­a democrática. El libro «El Trueno en la Ciudad» del autor Mario Payeras sostiene el punto de vista que la muerte de Colom Argueta fue un crimen polí­tico premeditado, tendiente a allanarle el camino al candidato presidencial militar en las elecciones previstas para 1982.

Siete dí­as antes del asesinato, el Registro Electoral habí­a autorizado la inscripción del partido de Manuel Colom, el Frente Unido de la Revolución, FUR, convirtiéndolo en un candidato invencible por su extraordinario carisma y enorme popularidad entre la población. Aunque los sectores de lí­nea dura vinculados a la guerrilla mantení­an el criterio que no habí­a posibilidad de un cambio a través de las urnas electorales, Colom Argueta estimaba que la solución era democrática y no por las armas. Sin duda, el mejor homenaje a su memoria es recordarlo ahora como un verdadero Mártir de la Libertad y la Democracia.