REAL SEÑORA DEL CALVARIO: UNA DEVOCIí“N DEL SIGLO XX


Desde que apareció el libro Las Bellas Artes en Guatemala del historiador Ví­ctor Miguel Dí­az en 1934, en nuestro paí­s se ha avanzado en forma muy lenta en cuanto a la investigación y a la apreciación de las obras de arte, que además de formar parte del patrimonio de la República, son piezas fundamentales dentro del mosaico de la fe y la devoción de los guatemaltecos.

Walter Enrique Gutiérrez, Universidad de San Carlos de Guatemala

Una de las lagunas más profundas que falta por salvar en materia de conocimiento formal histórico-artí­stico es la que se extiende sobre la segunda mitad del siglo XIX.

Este poco conocimiento nos ha llevado a repetir, no con mala intención, tradiciones o leyendas, que aunque de reciente creación se han extendido dentro del mundo que se vive en la Semana Santa guatemalteca.

Ví­ctor Miguel Dí­az en el libro ya mencionado, sólo hace una breve referencia a la existencia de las imágenes de pasión de la iglesia del Calvario sin aportar información de autores y procedencia. De la imagen de la Virgen de Soledad afirma que se encuentra vestida a la usanza de las imágenes marianas españolas.

En la producción discográfica Calvario realizada por el sello Tikal en la década de los sesenta del siglo XX, se dejó anotada la información que las esculturas de la Santí­sima Virgen de Dolores, San Juan y Santa Marí­a Magdalena eran todas tallas de posible factura colonial.

Sin embargo, estudios preliminares refieren que la escultura de la Santí­sima Virgen que se procesiona el Viernes Santo por la tarde, procede de la mano del escultor Francisco Montúfar discí­pulo del maestro Ventura Ramí­rez, en el último tercio del siglo XIX. Sin embargo, hasta nuestros dí­as se desconoce la fuente para atribuir con certeza la elaboración de esta escultura al referido artista.

Algunas luces han aportado publicaciones dispersas e investigaciones parciales pero muy valiosas, juntamente con estudios serios sobre otras imágenes que permiten obtener marcos de referencia para el análisis, sino precisos en el orden cronológico y de autorí­as, si de aproximaciones temporales y estilí­sticas.

Se debe señalar, que si al seguir la hipótesis que la imagen fue esculpida por Francisco Montúfar, se ubicarí­a entre los años de 1860 a 1881, cuando la producción artí­stica religiosa se desaceleró por los cánones y disposiciones del gobierno liberal de Justo Rufino Barrios, el cual no logró desarraigar el gusto de los guatemaltecos por esculpir imágenes piadosas.

Artí­sticamente la imagen guarda toda la lí­nea de un estilo romántico muy acentuado durante ese tiempo; cuando el neoclásico abandonaba su influencia en Guatemala en cuanto a la producción escultórica. Aparecen entonces giros, ternura, elegancia y la expresión tan caracterí­stica de un rostro apesadumbrado pero con esperanza, rasgo que se manejó durante el perí­odo barroco.

La barbilla redonda, los ojos agobiados; la posición de las manos giradas hacia la izquierda; un ligero movimiento en el cuello y la cintura le confieren a la imagen de la Santí­sima Virgen de Soledad las caracterí­sticas de las esculturas de la segunda mitad del siglo XIX.

La aurora del siglo XX encontró a Guatemala bajo el gobierno de Manuel Estrada Cabrera. Las polí­ticas liberales se habí­an suavizado en cuanto a su relación con la Iglesia Católica y el culto externo, atizado por el fervor popular, viví­a otra vez una época de esplendor.

Los barrios del sur de la ciudad, como el del Calvario se vieron favorecidos con la instalación de la estación del ferrocarril, y se asentaron en ellos familias de comerciantes que pronto empezaron a construir residencias que le dieron un nuevo aspecto a estos parajes urbanos.

Este dato es muy importante ya que explica el desarrollo de la Hermandad de Dolores en este templo, ya que de alguna manera llegó al Calvario un grupo de personas con mayor capacidad económica, vinculados al comercio y que sin duda contribuyeron no solo al culto y al ornato del templo sino al incremento del aparato que rodea la realización de la procesión del Santo Entierro de aquellos años.

¿En que momento aparece entonces la Hermandad de Dolores de la iglesia del Calvario? Es difí­cil aventurar fijar una fecha sin haber encontrado un documento que atestigí¼e con precisión la fundación de la misma.

En 1896 se reporta en el periódico «La Semana Católica» la noticia de la organización de una procesión del templo del Calvario. Con seguridad, una agrupación de devotos permitió la salida de la procesión. Esto no quiere decir que haya existido en ese momento un grupo de hombres y otro de mujeres; bien pudo ser exclusivamente de varones o mixto.

En la década de los años veinte del siglo XX, fueron aprobados por el Gobierno Metropolitano de Santiago de Guatemala algunos estatutos para el funcionamiento de las nacientes Hermandades y Asociaciones de pasión en la Ciudad. Especialmente se debe debo mencionar que el 15 de junio de 1924 se fundó la Hermandad del Señor Sepultado del Templo Rectoral del Calvario, dato que permite determinar con mayor precisión la fundación de una Asociación o Hermandad dedicada al culto de la Santí­sima Virgen de Soledad.

Con ocasión del estreno del nuevo edificio del templo del Calvario, llevado a cabo por el Régimen de Jorge Ubico en 1932, se realizó una procesión eucarí­stica que salió de la Santa Iglesia Catedral hacia el templo que se inauguraba. La cinemateca de la Universidad de San Carlos de Guatemala posee una filmación del acto. En el se puede identificar a un grupo de mujeres vestidas de negro con un listón al cuello, distintivo de la Hermandad de Dolores.

Por referencias de tradición oral se afirma que el dí­a de la Coronación Pontificia de la Santí­sima Virgen del Rosario de Santo Domingo (29 de enero de 1934), desfiló una representación femenina del templo del Calvario, bajo un estandarte elaborado en la Casa Central y que bien podrí­a ser el actual «de azucenas» que preside las actividades de la Hermandad de Dolores de dicho templo. Al analizar el traje «de azucenas», que hace juego con el estandarte mencionado y del que se han localizado varias fotografí­as anteriores a la década de los años cuarenta del siglo XX, es posible suponer que es el traje que hace mencionar Ví­ctor Miguel Dí­az en su descripción de las imágenes de El Calvario en 1934 .

En conclusión, se podrí­a afirmar que la fundación de una Asociación de Dolores, tal como aparece consignado el nombre en algunos turnos antiguos puede ubicarse entre 1924 y 1932, contando entonces con aproximadamente ochenta y cuatro años de servicio al culto de la Santí­sima Virgen de Soledad.

La devoción a esta imagen mariana se afianzo muy especialmente cuando a finales de la década de los años cuarenta llegó a la Hermandad de Dolores doña Francisca de Nillson, devota que con mucha visión y deseos por consolidar y expandir el culto a la Santí­sima Virgen del Calvario trabajó por más de cuarenta años, y llevó a convertir la procesión en el modelo de orden y fervor en las procesiones femeninas.

Un dato muy importante, que refleja el crecimiento y consolidación de la devoción a la Virgen del Calvario es el siguiente: el Viernes Santo de 1958 el pueblo católico contempló por primera vez a la Real Señora del Calvario con un ajuar confeccionado para ella en Sevilla, España. Lució en aquella oportunidad corona imperial y halo con mantilla colocada bajo un elegante palio.

En uno de los programas de radio, pioneros del medio y titulado Preludios de Pasión, conducido por don Marcelo Gaytán, la Santí­sima Virgen era llamada Real Señora del Calvario, nombre que cayó en desuso, pero que actualmente se ha retomado junto con el tí­tulo de Reina de la Paz, que comenzó a utilizarse en 1989, año en el que fue consagrada solemnemente en la Catedral Metropolitana.

Este año 2008, con ocasión del cincuentenario del estreno del ajuar sevillano, la actual Junta Directiva de la Hermandad de Dolores ha decidido su restauración, con el objeto de preservar dicho patrimonio cultural y devocional de los guatemaltecos.

Finalmente, el pueblo de la ciudad de Guatemala volverá a contemplar a la Reina en una retrospectiva de aquel lejano 1958. El ajuar «de estrellas» y una nueva corona imperial harán recordar que, como cada Viernes Santo, desde hace más de cien años, la Santí­sima Virgen de Soledad de El Calvario es la representación fiel de la Madre de Dios y Madre Nuestra que siempre ha recibido el hondo homenaje de más de cinco generaciones de devotas y devotos de la ciudad de Guatemala.