Chixocol es una comunidad indígena, ubicada en la extrema ruralidad de Quiché. Una treintena de familias forman la demografía de esta aldea que está a tres kilómetros de la cabecera departamental de Zacualpa. Lejana, sus habitantes escasamente hablan español y viven en pequeños suburbios de abobe y pisos de tierra.
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Subsisten exclusivamente de lo que cosechan. Los ancianos de la comunidad, en su vida han conocido la capital. Cada uno cumple con sus roles: el hombre, machete en mano se dedica a arar la tierra mientras su mujer cría a sus hijos. La vida transcurre. Comen maíz y duermen en donde haya espacio. Pero algo raro pasa en ese escenario. Los jóvenes se ven ataviados con tenis blancos luciendo el nike a un costado, hay camisas polo y gorras con las letras NY. walkmans sony, televisores plasma, y equipos de sonido rompiendo la acústica de la aldea.
Estos objetos han inundado Chixocol. Pocos son ya los pies descalzos, y los pantalones flojos son, sin quererlo, una moda. Y es que, algunos años atrás, su gente, joven, buscó otra vida. Cansados de ser pobres y verse en el abismo sin oportunidades, salieron rumbo a lugares desconocidos. Primero Santa Cruz del Quiché. Nada. Luego la capital y también nada. Hasta que decidieron dar el gran paso rumbo a los Estados Unidos.
Según me cuenta Juan García, miembro de la Diócesis de Providence en Rode Island, la mayoría de las familias de Chixocol tienen al menos un familiar en la Unión Americana y reciben, un promedio de 400 dólares mensuales. Unos más, otros menos. Pero más allá de la ropa, zapatos y electrodomésticos que han equipado las chozas de la aldea, los pisos siguen siendo de tierra y en los techos se cuela el agua en el inverno. No hay un crecimiento económico.
Y es que, aunque los Gobiernos se jacten del esfuerzo de los generadores del grueso de remesas anuales, no ha existido una preocupación real de cómo invertir ese dinero en bienestar de los receptores. Probablemente Chixocol sea un caso aparte. Pero, como van las cosas, ese chorro de dólares irá -y así va sucediendo ya- perdiendo fuerza debido a las rígidas políticas antiinmigrantes, y quienes habían encontrado el maná del cielo en otro lugar, serán expulsados y retornarán a sus lugares de origen esperando ver el fruto de su esfuerzo.
Y es que el paraíso ya no es el mismo. Algunos compatriotas relatan con preocupación el clima de inseguridad laboral que están enfrentando. Quienes carecen de papeles, ya no pueden emplearse con facilidad y con ello las oportunidades se les irán cerrando.
Si la atención a los migrantes hubiera sido una política urgente de los gobernantes, probablemente las cosas en Chixocol serían distintas. Y en lugar de walkmans o lagear la prosperidad hubiera tocado sus puertas de tabla.