La televisión mexicana vinculada al deporte del futbol no tiene, en la actualidad, presencia favorable en diversos sectores de las sociedades centroamericana y caribeña. Es una realidad que se explica por la acción de sus locutores en la transmisión de los juegos para clasificar a las olimpiadas en Beijing. La burla es parte de su trabajo. Hombres y mujeres ven Televisa y TV Azteca en forma obligada pues no existe la opción de cambiar a otros canales. Este hecho tiene una especial implicación negativa pues tampoco se puede escoger a locutores que se expresen con seriedad. Sólo de esa manera se explica su interés (con la aprobación de sus directivos), para impulsar en su país un concurso de apodos donde ejercen su derecho de león a cambiar el nombre de un futbolista y colocarle un sobrenombre. La agresión a la característica física de una persona anula cualquier racionalidad.
En cada transmisión se ubica la presencia de analistas de futbol, pero estos ocupan un segundo nivel pues los locutores también cubren esa especialidad. En el medio tiempo asumen el papel de entrenadores y la fantasía suple a la realidad. Si el partido se perdió fue porque no les hicieron caso. Obtener un resultado favorable se concibió como parte de la táctica trazada desde las cabinas donde transmiten. El micrófono los inunda de un supuesto poder para presentarse como innovadores de frases (el futbol es el deporte del hombre) ¿Y la mujer no puede jugarlo? Es un culto al machismo tradicional impregnado con comentarios de dudosa comicidad y doble sentido.
Los dirigentes de Televisa y TV Azteca no ignoran la superficialidad de sus locutores de futbol, en especial, cuando aparecen como vendedores de cualquier producto o baratija. Esta situación explica su desdén y agresión al futbol de Centroamérica y el Caribe. La realizan con falsas apreciaciones del desarrollo futbolístico en la región. La pregunta entonces es obvia: ¿Por qué se permite la presencia de locutores cuyo papel es irritar al público? Hombres, mujeres y menores de edad ven la televisión en su hogar y, en forma obligada, deben soportar afirmaciones realizadas a la carrera y gritos totalmente innecesarios. La respuesta se encuentra en lo siguiente: como parte del negocio televisivo, los locutores tratan de modificar con sus extravagancias («aún jugando mal, somos mejores») la calidad de la transmisión para vender cualquier cosa. Se han forjado, dicen, con base a la experiencia. Esta idea suple cualquier asomo de capacitación y dan impulso al caos verbal para denigrar a quienes consideran inferiores. ¿Este aspecto tiene importancia para quienes son dueños de la televisión? Es probable, pero ellos seguirán vendiendo comerciales y sus locutores continuarán con un espectáculo abaratado (presentando payasos con disfraz de críticos, modelos con problemas de dicción, y cómicos de la farándula), como un recurso para continuar prendidos del micrófono y «entretener» al público.
También es lamentable el nivel cultural de quienes se ostentan como locutores de futbol en los dos canales mexicanos. No les importa si desconocen la ubicación geográfica de los países e ignoran la identidad cultural de cada pueblo. Un encuentro deportivo de futbol lo tratan de convertir en enfrentamiento y ellos deciden quién es la parte buena o mala. Asimismo, se expresan en un lenguaje que nadie sabe donde lo aprendieron: «el tri recula y se hace para atrás jugando hacia la parte posterior de su portería y lo miro con mis propios ojos». ¡Pobres pleonasmos! Luego, colocan los verbos (¿qué es eso?) donde deben ir artículos.
Los locutores de futbol de Televisa y TV Azteca actúan con el criterio de expresar su realidad y si ésta no coincide con ellos, pues peor para la realidad. Se encuentran sujetos a las directrices de quienes les pagan (no importa si afectan su dignidad) y, sin detallar las acciones del juego (debe ser su papel), prefieren ensañarse con el árbitro o entrenador (sin asumir una posición de crítica razonada). Se trata de continuar proyectando la imagen de comerciales porque es el rol indicado por sus jefes. Hablan de las acciones en la cancha con relación a los intereses de sus patrones. Su voz se distorsiona al estar sujeta a la oferta económica. No proyectan palabras porque se presentan como portadores de la verdad.
Quienes han sido designados como ejecutivos de la televisión relacionada con el futbol, deben evaluar el impacto social de sus locutores, pues asumen el papel de analistas, intermediarios de ventas, y profesionales de la agresión colocándose como ingeniosos para imponer apodos. El derecho a la libertad de expresión debe prevalecer, pero no debe esgrimirse para afectar a terceros. El público de Televisa y TV Azteca puede cuantificarse en millones. No sólo en México. Es necesario entonces transmitir los partidos con ética, objetividad y sentido profesional. Manuel Lapuente, un excelente entrenador mexicano de futbol que ha dirigido a la selección nacional de su país -como también lo es Hugo Sánchez- señaló durante la pasada Copa de Oro (15 de junio de 2006) a la revista deportiva Cancha del diario Reforma: «Obviamente (hubo) un menosprecio (de los locutores) por la gente de Concacaf, que ya no debería existir desde hace muchísimos años». El locutor no es arma de persuasión. Tampoco es un juez. Su burla únicamente señala a quien es incapaz de proporcionar argumentos. Esta afirmación señala la necesidad de establecer si tienen vigentes sus certificados de aptitud.