La conciencia y el avestruz


Gracias a que los propietarios de La Hora respetan la libertad de expresión, a mi solicitud, el 2 de marzo de 2006 inicié la publicación de opiniones en este medio.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Titulé el primer artí­culo «Por qué debo de escribir». Al razonar qué me obligaba a hacerlo, manifesté: «algunas personas me conocen, otras consideran que me conocen, pero indudablemente la mayorí­a de quienes puedan leerme hoy y en el futuro, no me conocen. Puede ser que tengan una opinión o una imagen que no necesariamente sea la que se puedan formar a medida que me den la oportunidad de expresarme y compartir no sólo mis experiencias y vivencias, sino mis criterios».

Más de dos años han transcurrido, muchos han sido los comentarios que personal, telefónicamente y ví­a correo electrónico he recibido. Gracias a la constante modernización de La Hora, hoy se agregan también los comentarios que se reciben el mismo dí­a en el medio.

Algunos artí­culos causan más reacción que otros. Si me pidieran un balance dirí­a que la mayorí­a de los conceptos u opiniones recibidos van en el sentido positivo, hay quienes opinan de forma contraria pero sin duda mis opiniones son leí­das.

Estimo una obligación continuar expresándome mientras Dios, el Diario la Hora y las circunstancias me lo permitan, lo haré en base a las vivencias y experiencia que mis 70 años me permiten. Fácil y conveniente podrí­a ser para mí­ adoptar la polí­tica del avestruz, decirme a mí­ mismo: «ojos que no ven corazón que no siente», adoptar esta cómoda y hasta cobarde posición no va con mi forma de ser, mis principios, ni mi conciencia.

Sé de antemano que algunas de mis opiniones causarán reacción, especialmente por señalar la verdad, decir lo que la mayorí­a no ha tenido la posibilidad de enterarse, mucho menos de vivir en carne propia, lo que hace que en un paí­s como el nuestro produzca irritaciones. A veces le pregunto a las personas más cercanas, si es prudente, si debo decir o callar la verdad, especialmente cuando los hechos se refieren a grupos poderosos, a poderosas personas que se han apropiado del poder y que con sus acciones perjudican a la mayorí­a de los guatemaltecos; personas que no escatiman esfuerzos ni recursos para desprestigiar a quienes no se les subordinan, si es posible encarcelar y hasta destruir a quienes no aceptan ser sus servidores, personas que no se tientan el alma, la conciencia, porque carecen de ellas para actuar y mantener a la mayorí­a de los guatemaltecos en la ignorancia e incluso en la pobreza material y espiritual.

Sin embargo, cuando pregunto a las personas que están a mi alrededor, si ellos teniendo el conocimiento, la información, habiendo vivido lo que yo he vivido callarí­an, siempre me ratifican que los principios y la verdad no tienen precio. Y aunque ello implique correr riesgos, recibir crí­ticas, la conciencia de cada uno de nosotros es la que al final determina nuestro proceder. Por ello, es tan frecuente escuchar que Jesucristo nos dio el ejemplo, que por la verdad murió Jesucristo, que aquel que tenga principios, que tenga conciencia no debe esperar que lo elogien, que lo aclamen, lo que debe pretender es vivir de cara al sol y no como el avestruz enterrando la cabeza para no ver, para no decir lo que es la verdad.

Guatemala poco a poco deja de ser un paí­s donde no se pueda decir la verdad, lentamente se progresa en dar a luz los hechos para que se conozca la realidad y así­ la juventud, la ciudadaní­a comprenda y sepa lo que ha sido nuestra historia y en base a ella decidan el futuro. «Quién con una luz se pierde».