La coalición militar coordinada por Estados Unidos en Irak se redujo de forma drástica a un puñado de contingentes limitados, enviados por países que desean un reconocimiento por parte de Estados Unidos.
En mayo de 2003, las fuerzas de la coalición estaban compuestas por 150 mil estadounidenses y 23 soldados de 40 países. Ahora, los países participantes son 26 y de los 168 mil militares presentes en Irak, sólo 10 mil no son norteamericanos, en su mayoría vienen de países del ex bloque comunista y la mayor parte ser repatriados estos próximos meses.
En las grandes naciones occidentales, la opinión pública ha pasado factura a varios políticos favorables a la guerra en Irak, como al australiano John Howard, al conservador español José María Aznar o al italiano Silvio Berlusconi.
En 2003, 1.300 soldados españoles y unos 1.100 centroamericanos de República Dominicana, Nicaragua, Honduras y El Salvador formaron la brigada Plus Ultra, encargada mantener la seguridad y estabilidad en dos provincias de la mitad sur de Irak.
Nada más ganar las elecciones en 2004, el nuevo presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, retiró, tal y como había prometido durante su campaña, todas las tropas de Irak.
Al día de hoy, El Salvador es el único país latinoamericano que mantiene tropas en Irak, y hasta el momento ha sufrido cinco bajas y una veintena de heridos.
Gran Bretaña, aliada fundamental de Washington, ha reducido su contingente a 2.500 soldados, reagrupados cerca del aeropuerto de Basora (sur). Australia decidió retirar en verano sus 550 efectivos de tropas de combate, los 900 militares polacos se marcharán en octubre.
Quedan contingentes de Georgia, Rumania, Bulgaria, Albania, República Checa, Armenia, Macedonia, Bosnia, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, Ucrania, Kazajstán, Azerbayán, El Salvador o Tonga.
Dichas tropas a veces son minúsculas, como los doce ingenieros militares moldavos, o se limitan a operaciones de apoyo, como los aviones japoneses de transporte.
Los costos de los 20 países más pobres de la coalición los sufraga el contribuyente norteamericano. Según un informe del Congreso norteamericano, la factura ascendió a 1.500 millones de dólares entre marzo de 2003 y mayo de 2007.
Pero esas tropas se lo toman con entusiasmo y los gobiernos respectivos consideran vitales las buenas relaciones con Washington.
«Todos son voluntarios y algunos han servido en Irak», explica por ejemplo el comandante albanés Behar Mara de sus 120 hombres.
Albania hace gala de lealtad, después del apoyo norteamericano a la independencia de Kosovo. Tirana envió dos unidades de fuerzas especiales y una de comando
Su contribución militar es secundaria, lo que cuenta sobre todo es la importancia política de la misión.
Washington cuenta con estos países para responder a las críticas contra esta guerra cada vez más desacreditada en el mundo, y Albania quiere aparecer como una aliada de los occidentales ahora que llama a la puerta de la OTAN.