La guerra lanzada hace cinco años por Estados Unidos en Irak puso fin a cerca de un cuarto de siglo de dictadura brutal y eliminó a Saddam Hussein, pero la estabilidad y prosperidad prometidas a los iraquíes se han quedado muy por debajo de las expectativas presentadas entonces.
La violencia ha bajado estos últimos meses, sobre todo en Bagdad, pero la capital sigue viviendo atentados sangrientos y las víctimas civiles se cuentan por decenas.
El ejército norteamericano, que ha perdido cerca de 4 mil hombres desde el principio de su intervención, el 20 de marzo de 2003, es blanco casi diario de ataques audaces y lleva meses implicado en operaciones en el norte del país, donde concentran su acción los grupos afiliados a Al Qaida.
La calma relativa imperante en otras regiones se atribuye al envío de refuerzos por Estados Unidos a partir de febrero de 2007. También a una estrategia de movilización, a base de finanzas, de grupos de ex insurgentes sunitas y a una tregua unilateral de la principal milicia chiíta, el ejército del Mahdi del joven jefe radical Moqtada Sadr.
Este descenso de la violencia es frágil y el número de civiles iraquíes muertos -al menos 80 mil en cinco años, según estimaciones parciales- volvió a crecer a principios de 2008, después de ir a menos hasta 2007.
La reactivación económica, principal preocupación de los iraquíes después de la seguridad, está clavada y el nivel del desempleo se establece, según los índices, entre 25 y cerca del 50% de sujetos activos, para una población de unos 25 millones de habitantes.
La producción de petróleo, principal recurso del país ha superado su nivel de antes de la guerra, con 2,9 millones de barriles diarios, según las fuentes oficiales iraquíes, y los analistas del sector la estiman en unos 2,2 millones.
Servicios públicos como el agua y la electricidad no han sido restablecidos, y barrios enteros de Bagdad siguen privados de electricidad.
Los llamamientos del gobierno a los iraquíes del extranjero para que regresen y contribuyan a la reactivación del país no tienen mucho eco. Menos de 50.000 han regresado de Jordania y Siria, donde más de dos millones han optado por el exilio.
Esta falta de confianza es un reflejo de la alarmante parálisis de las instituciones puestas en marcha tras la eliminación del régimen de Saddam Hussein, que debían marcar el principio del establecimiento de una democracia representativa en Irak.
El Parlamento, dominado por una alianza de chiitas y kurdos tardó meses en aprobar leyes consideradas cruciales, entre ellas los presupuestos de 2008, y estuvo paralizado por la competencia de partidos políticos comunitarios.
El gobierno del primer ministro Nuri Al Maliki, un chiita, se ha quedado sin la mitad de sus ministros, que han renunciado, y está acusado -incluso dentro de la comunidad chiíta- de servir de vector de influencia a un círculo estrecho de privilegiados.
En 2007, un informe de la embajada norteamericana en Bagdad señalaba un alto nivel de corrupción en todos los ministerios y puso en duda la voluntad real del Gobierno iraquí de poner un poco de orden.
La aventura iniciada en marzo de 2003 ha costado, además de las pérdidas de vidas humanas, 500 mil millones de dólares que la convierten en el conflicto más caro de la Historia.
La situación ha erosionado la credibilidad de Estados Unidos en Cercano Oriente al tiempo que aumentaba la influencia de Irán, y alimentó una subida vertiginosa del petróleo que sigue pesando en la economía mundial.
La fuerza multinacional dirigida por Estados Unidos para derrocar al régimen de Saddam Hussein perdió cerca de 4.300 soldados, la mayoría estadounidenses, desde el inicio de la invasión en Irak, el 20 de marzo de 2003.
Según el recuento de la página de internet Irak Body Count, al menos 81.639 civiles iraquíes murieron en ese periodo.
Las fuerzas de seguridad iraquíes también perdieron unos 12 mil policías, según las autoridades del país.
La mayor parte de los soldados de la fuerza multinacional muertos en Irak eran estadounidenses, pero las bajas afectaron a tropas de una veintena de países.
– ESTADOS UNIDOS: 3.987 soldados y personal asimilado fallecido.
– GRAN BRETAí‘A: 175 militares muertos.
– ITALIA: 32 soldados fallecidos, de los que 17 murieron en un ataque suicida contra una base militar italiana en Nasiriya (sur) en noviembre de 2003. Los últimos soldados italianos abandonaron Irak en diciembre de 2006.
– UCRANIA: 18 militares fallecidos. Ucrania retiró su contingente de tropas en 2005.
– POLONIA: 22 militares muertos.
– BULGARIA: 13 soldados muertos. El país prolongó el mandato de su contingente hasta el 31 de marzo de 2008.
– ESPAí‘A: 11 soldados muertos entre el 1 de mayo de 2003 y la retirada del contingente español en mayo de 2004.
– DINAMARCA: Ocho bajas.
– EL SALVADOR: Cinco soldados fallecidos. El contingente permanece hasta hoy en Irak.
– ESLOVAQUIA: Cuatro soldados muertos. El centenar de militares eslovacos desplegados en Irak abandonaron Irak en febrero de 2007.
– LETONIA: Tres soldados muertos.
– ESTONIA: Dos soldados muertos en combate en 2004.
– TAILANDIA: Antes de la retirada de las tropas tailandesas en septiembre de 2004, el país asiático había perdido a dos soldados en un atentado ocurrido en diciembre de 2003.
– HOLANDA: Dos soldados muertos en 2004. El mandato de los militares holandeses finaliza marzo de 2005.
– REPíšBLICA CHECA: Un soldado murió en accidente viario en 2003.
– KAZAJISTíN: Un soldado murió el 9 de enero de 2005.
– AUSTRALIA: Un soldado de la Royal Air Force murió en el accidente de un avión británico a finales de enero de 2005 cerca de Bagdad.
– HUNGRíA: En junio de 2004, un soldado húngaro murió tras un atentado. El contingente de ese país se retiró en diciembre de ese año.
– RUMANIA: Dos soldados muertos; uno el 21 de septiembre de 2007 y otro en abril de 2006.
– COREA DEL SUR: El ejército surcoreano perdió a un soldado el 20 de mayo de 2007. EL país asiático redujo progresivamente su contingente de 2.300 efectivos a 1.200.