Hay dramas que desgarran el corazón y uno de ellos es el que hoy afecta a la familia Siekavizza Molina por la desaparición de su hija Cristina, primero, y posteriormente la de sus dos nietos. Cualquier padre y cualquier abuelo puede entender lo que tienen que estar sufriendo Juan Luis y Angelís durante esta pesadilla que les ha tocado vivir y que sin duda les marcará la vida para siempre y también dejará una huella muy seria en esos dos pequeños cuyo paradero se desconoce desde hace varios días.
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Al menos han contado con una increíble solidaridad no sólo de mucha gente que les acompaña en las actividades que realizan para clamar por la verdad y la justicia, sino también de entidades como la fundación Sobrevivientes que dirige Norma Cruz y que ha desempeñado un papel extraordinario en el acompañamiento y asesoría durante todo este trágico proceso. Pero uno sabe que aún con tanta solidaridad y tanto apoyo, el dolor, la angustia que se siente en un caso como éste no se puede superar ni siquiera luego de enfrentar y asimilar la dimensión de los hechos y la práctica certeza de que algo irreparable ya ocurrió.
Y cada vez que veo a Juan Luis hablar con tono mesurado, pero firme sobre la situación que se ha dado y las complicaciones que han tenido que enfrentar desde ese día trágico en que supieron que su hija había “desaparecidoâ€, noto en su triste mirada un dolor tremendo que, supongo yo, se incrementa por la incertidumbre sobre la situación de sus dos pequeños nietos. Perder un hijo tiene que ser una tragedia indescriptible y suficiente como para abrumar al más pintado, pero si a ello agregamos que el corolario de esa pérdida es la desaparición de lo que fue lo más preciado en la vida de la hija, es decir sus dos pequeños, obviamente el dolor, la angustia y desesperación se multiplican.
Abundan hoy las versiones y como ocurre tan frecuentemente en esta nuestra Guatebolas, cada quien afirma saber más que el otro y le agrega detalles a lo que se viene repitiendo en las conversaciones callejeras. Creo que en los últimos tiempos hemos visto que existe capacidad de investigación en el Ministerio Público y creo que lo mejor es apoyar el trabajo que viene realizando el fiscal Rony López, uno de los profesionales más serios que tiene esa dependencia y que con el apoyo de la gente que trabaja con Norma Cruz y de la familia, pueden avanzar al esclarecimiento de los hechos para alcanzar la verdad sobre lo ocurrido con Cristina y también con el paradero de los dos pequeños.
Lastimosamente los mismos investigadores han explicado que hubo mucha tardanza en notificarles de la desaparición y por lo tanto su trabajo empezó cuando mucha de la prueba ya había desaparecido o estaba contaminada, pero aun así han logrado resultados importantes que pueden dar luces sobre lo que efectivamente sucedió. La decisión de contratar “investigadores privados†que al final terminaron con pura charlatanería tiene que ser una lección importante para los ciudadanos porque es muy importante que confiemos en esas nuevas autoridades que hay al frente del Ministerio Público para que con prontitud puedan hacer investigaciones científicas.
Lamentablemente nada de lo que se haga o diga devolverá a Juan Luis y a Angelís la alegre sonrisa de Cristina, pero sí que hay mucho que hacer para que puedan recuperar a sus nietos, el fruto de esa hija tan querida por ellos. Alguien tiene que saber qué pasó con ellos y cómo es que se produjo su desaparición y eventual salida del país y toda ayuda que se les pueda brindar es importante. Creo que la prioridad ahora hay que centrarla en esos dos pequeños cuya vida está ya marcada para siempre por la tragedia y necesitan el amor y la guía afectuosa de abuelos dedicados.