Los líderes europeos celebran mañana y el viernes en Bruselas una cumbre centrada en el controvertido proyecto del presidente francés Nicola Sarkozy de crear una Unión Mediterránea, pero también en su plan de lucha contra el cambio climático y la cuestión energética.
Tras haber logrado un trabajoso acuerdo con Alemania, Sarkozy intentará mañana por la noche convencer al resto de sus socios de la utilidad del proyecto, que busca relanzar las relaciones entre los países de la Unión Europea y del Mediterráneo, desde Marruecos hasta Israel.
El principal problema de la idea de Sarkozy es que los Estados miembros del norte de Europa (Alemania, Gran Bretaña, países Escandivanos) no se sienten incluidos, y otros como Grecia, Eslovaquia o Eslovania, que ejerce la presidencia de la UE, temen la creación de instituciones paralelas.
Sarkozy aseguró que llegó con la jefa de gobierno alemana, Angela Merkel, a un acuerdo que «no excluirá a nadie», aunque persisten dudas sobre el financiamiento del proyecto y su papel junto al «Proceso de Barcelona» y la «Política Europea de Vecindad», instrumentos actuales de la UE en sus relaciones mediterráneas.
Si este tema promete un arduo debate entre los jefes de Estado y de gobierno de los 27, las discusiones también prometen ser interesantes en cuanto a la aplicación de los objetivos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2020, que la UE se fijó en marzo de 2007.
En enero pasado, la Comisión Europea detalló los medios concretos para lograr esa reducción del 20% de gases de efecto invernadero y el aumento al 20% de la parte de energías renovables en el consumo energético total del bloque y al 10% de los biocarburantes en el transporte.
El problema es que a medida que pasa el tiempo, cada vez más países temen que la Unión Europea esté exigiendo demasiado a sus industriales y termine provocando una deslocalización masiva de plantas.
Las preocupaciones abarcan también el impacto negativo del desarrollo de los biocarburantes, tras una serie de estudios científicos que denuncian sus efectos sobre el medio ambiente, los precios de los alimentos y las poblaciones donde se producen.
En todo caso, los líderes de los 27 tienen previsto indicar que es necesario llegar a un acuerdo definitivo sobre el plan europeo contra el cambio climático «antes de fines de 2008», según el proyecto de conclusiones de la cumbre que debe ser aprobado el viernes y del cual la AFP obtuvo una copia.
Este apuro está vinculado con las negociaciones internacionales sobre el recalentamiento planetario que se reanudarán a fines de 2009 en Copenhague.
El jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, presentará un informe sobre «cambio climático y seguridad internacional», que lanza el debate sobre esta cuestión entre los 27 y propone al bloque asumir el liderazgo mundial en la materia.
El conciso informe, de 12 páginas y del cual la AFP obtuvo una copia, presenta las «amenazas» que trae aparejadas el cambio climático para la paz mundial y propone iniciativas para que la UE aumente su capacidad de respuesta y mejore la gobernanza global.
El jefe de la diplomacia europea, Javier Solana, presentará hoy en la cumbre de líderes de la Unión Europea en Bruselas un informe sobre «cambio climático y seguridad internacional», que propone al bloque asumir el liderazgo mundial en la materia.
El documento, preparado por Solana y la Comisión Europea, forma parte del paquete sobre cambio climático y energía que debatirán los jefes de Estado y de gobierno de los 27 miembros de la UE, que incluye un controvertido plan europeo de lucha contra el recalentamiento planetario.
El conciso informe, de 12 páginas, presenta las «amenazas» que trae aparejado el cambio climático para la paz mundial y propone una serie de iniciativas para que la UE aumente su capacidad de respuesta y mejore la gobernanza global.
«La mejor manera de considerar el cambio climático es como un multiplicador de amenazas que extrema las tendencias, las tensiones y la inestabilidad existentes. El núcleo del desafío es que el cambio climático amenaza sobrecargar a países y regiones de por sí frágiles y proclives al conflicto», advierte la introducción del informe.
Entre esas amenazas, el texto enumera «conflictos por los recursos»; daños y riesgos para las ciudades costeras y las infraestructuras vitales; pérdida de territorio y contenciosos fronterizos; migraciones por causas ambientales; situación de fragilidad y radicalización en Estado debilitados; tensiones por el suministro de energía; presiones sobre la gobernación internacional.
El documento presenta «ejemplos geográficos» de esos riesgos: en América Latina se menciona la «salinización y desertificación» de zonas secas que tendrá consecuencias adversas para la seguridad alimentaria, así como cambios de los modelos de precipitaciones y la desaparición de glaciares que afectarán en la disponibilidad de agua en la región de los Andes.
«Esto se seguirá exacerbando debido al cambio climático y dará lugar a tensiones sociales y políticas en una región con estructuras de gobierno a menudo frágiles», indica el texto.
El informe destaca el papel activo de la UE en las negociaciones internacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero e insiste en la necesidad de una implicación de Estados Unidos, China, India y Rusia para lograr un acuerdo que contribuya también a la «seguridad climática».
En ese marco, se propone la utilización del Consejo de Seguridad de la ONU y el G8 (grupo de las siete potencias más industrializadas y Rusia) para «centrar la atención» en el tema; el refuerzo de la cooperación internacional para la detección y supervisión de las amenazas y el estudio de la tensión migratoria adicional causada por el medio ambiente.
El informe insta además a «desarrollar una política de la UE para el írtico», que tenga en cuenta «el acceso a los recursos y las nuevas rutas comerciales», en momentos en que se comprueba el retroceso del casquete polar y la eventual posibilidad de navegar por zonas hasta ahora inaccesibles.
La idea es que la UE abra un periodo de análisis hasta fines de 2008 para formular recomendaciones sobre para aumentar sus «capacidades» e «intensificar la cooperación» con países y regiones terceros, según un proyecto de conclusiones de la cumbre al que tuvo acceso la AFP.