Matanza en Pakistán


Unos guardias de seguridad de Pakistán le indican a un hombre que se detenga para que lo revisen.

Pakistán se vio sacudido hoy por dos atentados, tras una semana de calma, que dejaron por lo menos 25 muertos, principalmente en un edificio de la policí­a federal en Lahore, la gran ciudad del este del paí­s.


Las explosiones fueron casi simultáneas, en dos barrios de Lahore, exactamente una semana después del atentado precedente, contra una escuela naval de la misma ciudad (con saldo de cinco muertos).

Por lo menos 21 personas murieron y más de cien resultaron heridas en el ataque de hoy contra la sede de la Agencia Federal de Investigación, según el jefe de la policí­a local, Malik Mohammad Iqbal.

«Podrí­a tratarse de un atentado suicida con coche bomba, pero todaví­a no podemos confí­rmalo», añadió.

En el edificio funcionaba una unidad de investigación especial entrenada por Estados Unidos, de lucha contra el terrorismo, que según responsables de la seguridad habrí­a sido el blanco del ataque.

El edificio de ocho plantas, cuya estructura interior quedó al descubierto, se derrumbó parcialmente por el impacto de la explosión, constató un fotógrafo. Charcos de sangre y pedazos de cadáveres se mezclaban a los escombros y a los automóviles que ardí­an en las inmediaciones.

La policí­a evacuó el edifico por temor a que se derrumbase completamente y acordonó el sector, mientras socorristas en atuendo naranja hurgaban entre los escombros y evacuaban a los heridos.

«Habí­a sangre por todos lados, he visto miembros humanos esparcidos en torno a la recepción del edificio», explicó Wali Mohamed Jan, un abogado que se encontraba en la segunda planta en el momento de la explosión.

La segunda explosión se produjo en una agencia de publicidad, en un barrio elegante de la ciudad a varios kilométros del lugar del primer atentado, y dejó cuatro muertos, entre ellos dos niños, precisó la policí­a.

«Un coche bomba penetró en el edificio», afirmó el portavoz del ministerio de Interior, el general Javed Cheema.

El presidente Pervez Musharraf condenó firmemente los dos atentados y afirmó en un comunicado que «los actos terroristas no podrán minar la determinación del gobierno a combatir esta plaga con todas sus fuerzas».

Una ola sin precedentes de atentados, reivindicados o atribuidos a los islamistas afines a la red Al Qaida y a los talibanes, ensangrienta Pakistán desde hace meses.

Los talibanes paquistaní­es y el jefe de Al Qaida, Osama bin Laden en persona, declararon el verano pasado la «guerra santa» a Musharraf y a su ejército.

Desde el asalto de la Mezquita Roja de Islamabad, el 12 de julio, en el que ejército y policí­a dieron muerte a un centenar de integristas armados, los militantes radicales han multiplicado los atentados suicidas en todo el paí­s.

El paroxismo se alcanzó el 27 de diciembre con la muerte de la lí­der de la oposición, la ex primera ministra Benazir Bhutto, en las afueras de Islamabad, al acabar un mitin electoral.

Desde principios de 2007, es decir en 14 meses, cerca de 1.060 personas, incluidos numerosos civiles, murieron en 118 atentados, la mayorí­a cometidos por kamikazes, según un balance.

Estos actos de violencia aumentan la incertidumbre sobre el futuro de esta república islámica de 160 millones de habitantes, única potencia militar nuclear del mundo musulmán y aliada clave de Estados Unidos en su «guerra contra el terrorismo».

El paí­s está viviendo una crisis polí­tica de gran calado: la oposición, encabezada por los partidos de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif, ganó con holgura las elecciones legislativas y provinciales del 18 de febrero, pero el presidente Musharraf, recientemente reelegido por el Parlamento saliente, se niega a abandonar su cargo de jefe del Estado.

Musharraf tomó el poder en 1999 mediante un golpe de Estado militar incruento.