Las buenas intenciones mostradas por los líderes mundiales en noviembre en la cumbre de Annapolis (Estados Unidos), consagrada a reactivar las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, quedaron sepultadas tras la terrible ofensiva en la franja de Gaza y el atentado del jueves en Jerusalén.
Atemorizado por la lluvia de cohetes palestinos, cada día más potentes y certeros, Israel optó por una represión brutal del movimiento islámico radical Hamas, dueño y señor en la franja de Gaza desde junio.
La ofensiva se saldó con más de 130 muertos, entre ellos mujeres y niños palestinos y dos soldados israelíes, y con un reproche internacional casi unánime.
El jueves, un palestino armado con un fusil automático irrumpió en una escuela religiosa de Jerusalén y mató a ocho adolescentes antes de ser abatido por la policía. Fue el primer atentado en la ciudad desde 2004 y fue reivindicado por un grupo desconocido cuyo nombre hace referencia precisamente a los «mártires» de Gaza.
La estrategia que insiste en que «la destrucción de la infraestructura del enemigo y los ataques a la población civil servirán para reducir los ataques contra los ciudadanos israelíes no sirven en Medio Oriente. No funcionaron en Líbano y no funcionarán en Gaza», consideró Moshe Arens, columnista del diario israelí Haaretz.
La violencia en Gaza hizo que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, rompiera las conversaciones con los israelíes iniciadas tras Annapolis.
El martes, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, cuyo país aspira a lograr un acuerdo de paz en la región en 2008, logró in extremis durante una visita a Cisjordania e Israel que los contactos entre las partes se reanudaran. Pero el atentado del jueves vuelve a poner en la cuerda floja cualquier discusión de paz.
Para el profesor Waleed Saleh, experto en Estudios Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, «no hay ninguna voluntad política» para lograr un acuerdo de paz a corto plazo.
«Si Estados Unidos quisiera, podría realmente influir sobre Israel para hacer avanzar las cosas. Por otra parte, Europa se limita cada día más a ser un simple espectador del conflicto», declaró a la AFP.
En la opinión de este experto, Estados Unidos e Israel pretendían negociar con una parte de los palestinos, es decir con Abas, que controla únicamente Cisjordania, para que los frustrados y empobrecidos habitantes de Gaza se rebelaran contra el movimiento islámico y lo echaran del poder. «Pero se equivocaron», afirmó.
La ofensiva terrestre israelí de los últimos días no sólo no consiguió dejar a Hamas fuera de juego sino que volvió a situarlo en el centro del conflicto.
Finalmente, los tanques se retiraron, aunque una parte del gobierno israelí apueste por una campaña militar larga en Gaza que termine de una vez por todas con Hamas.
«Era ingenuo por nuestra parte pensar que cuando el ejército entró en Gaza la semana pasada tendría por objetivo la neutralización de los puntos de lanzamiento de cohetes y permanecería en la franja el tiempo necesario, hasta traer la paz a los ciudadanos de Sderot» (sur de Israel), consideró Arens.
No obstante, el coste político y humano de una operación de este tipo en Gaza, de donde las colonias israelíes desaparecieron en 2005, sería alto.
Israel celebrará en mayo los 60 años de la creación de su Estado junto a representantes del mundo entero y una ofensiva duradera en Gaza perjudicaría seriamente su imagen.
Además, los israelíes están cada día menos de acuerdo sobre la actitud que hay que tomar frente a Hamas y hay líderes laboristas que apuestan por pactar una tregua con los islamistas.
«El alto el fuego debe aplicarse en Gaza y en Cisjordania. Hay que levantar el bloqueo económico, que mata tanto como los misiles, y abrir la frontera con Egipto. Sólo así cumpliremos nuestro programa electoral», recordaron los portavoces de Hamas, ganador de las elecciones legislativas palestinas en 2006.
Para Saleh, al conflicto entre israelíes y palestinos le quedan «varios años de tiempo muerto», en los que los 1,5 millones habitantes de Gaza seguirán «hundidos en la miseria», los habitantes del sur de Israel no superarán el miedo a ser atacados, los dirigentes palestinos seguirán «enfrentados entre ellos» y los líderes israelíes seguirán adelante con la colonización y «judeización» de Jerusalén Este.