Nacionalistas e independentistas catalanes intentarán en las elecciones del 9 de marzo ganar fuerza para influir en el gobierno español, irritados por el recorte sufrido por el nuevo estatuto catalán en el Parlamento y por el caos ferroviario.
Los nacionalistas democristianos de Convergencia i Unió (CiU) y los independentistas de izquierda de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) esperan conocer el resultado de la contienda entre el jefe de gobierno socialista José Luis Rodríguez Zapatero, candidato a su reelección, y el conservador Mariano Rajoy, para estudiar sus posibles apoyos.
«Si CiU tiene la sartén por el mango y es imprescindible para tomar cualquier decisión en la política española, estemos donde estemos, nosotros pondremos las condiciones», afirmó el presidente de esa formación, Artur Mas.
Mas se mostró convencido de que a su coalición no le conviene entrar en el futuro gobierno, cualquiera que sea, sino apoyarlo, llegado el caso, puntualmente, desde fuera; el candidato de su formación a las elecciones, Antoni Duran Lleida, no descarta en cambio entrar en un gobierno, socialista o conservador.
El líder de ERC, Josep Lluis Carod-Rovira, socio de los socialistas en el gobierno regional catalán, pidió por su lado tener «agarrado» a Zapatero, a quien considera como el seguro ganador de los comicios del próximo domingo, frente a Rajoy, del Partido Popular (PP, derecha).
«La mejor manera de tener agarrado a Zapatero es que dependa de ERC» porque «va sobrado y valdría la pena que le bajaran los humos», dijo Carod-Rovira, cuyo partido también ha apoyado puntualmente a los socialistas en Madrid.
Sin embargo, el jefe del gobierno español afirmó en una entrevista con la televisión privada La Sexta que su prioridad en la busca de apoyos para gobernar será la coalición ecocomunista Izquierda Unida (IU) y los nacionalistas vascos moderados del PNV.
Zapatero insiste, no obstante, en que su deseo es lograr una mayoría amplia que le constriña lo menos posible: «En mi hoja de ruta hay un gobierno socialista. Socialista y punto», afirmó en una entrevista con el diario El Periódico.
Las encuestas dan además ventaja a los socialistas en Cataluña, aunque los portavoces socialistas catalanes insisten en llamar a sus seguidores a votar masivamente en una región que en las elecciones de 2004 dio 21 (de 47) escaños a los socialistas, que podrían alcanzar ahora hasta 24 diputados.
Los socialistas se ven además favorecidos por la bipolarización de la actual campaña electoral, que ha hecho perder fuerza a las formaciones catalanas frente a los dos grandes partidos, PP y PSOE.
Según una encuesta del diario catalán centroderecha La Vanguardia, un 39% de los españoles apoyarían una coalición PP-PSOE en caso de mayoría insuficiente, frente al 11% una coalición de socialistas con nacionalistas vascos y catalanes y un 7% que preferiría que vascos y catalanes se aliaran con el PP.
La mayor perjudicada en la intención de voto, según una encuesta del diario catalán El Periódico, sería ERC, que podría perder entre 4 y 5 escaños (ahora tiene 8), que beneficiarían al PP y a CiU.
Según el sondeo de El Periódico, un 39% de electores votarán a los socialistas en Cataluña, algo menos del 39,3% que obtuvo en las elecciones de 2004, un 20,5% a CiU y un 17,2% al PP.
No obstante, los socialistas podrían verse lastrados por los inconvenientes que debieron soportar recientemente miles de usuarios de los ferrocarriles de cercanías por los deslizamientos de tierra provocados por las obras del tren de Alta Velocidad, que llegó a Barcelona con dos meses de retraso sobre la fecha prevista.
Los problemas en las infraestructuras ferroviarias supusieron un alejamiento entre el Partido Socialista de Cataluña (PSC) y CiU, que se añade a los roces entre el PSC y ERC por el nuevo estatuto de autonomía catalán.
Este estatuto, que define las responsabilidades de la región, fue recortado en las cámaras españolas tras ser aprobado por el parlamento catalán.