Rusia elige el domingo al sucesor del presidente Vladimir Putin en unas elecciones que parecen destinadas a dar la victoria a su reemplazante designado, Dmitri Medvedev, permitiendo que el actual mandatario conserve un importante poder.
Medvedev, quien actualmente es viceprimer ministro, encara estas elecciones como delfín del todopoderoso Putin, de 55 años, quien afirma estar dispuesto a asumir el cargo de primer ministro.
Los canales de televisión estatales, sometidos a una estricta censura, han transformado el rostro de este burócrata de 42 años en uno de los más conocidos del país, y siguen exhaustivamente cada uno de sus movimientos.
Sin embargo, Medvedev se negó a participar en debates con sus tres adversarios y las calles de Rusia casi no muestran carteles políticos.
Las encuestas prevén que ganará con al menos 60% de los votos, superando con creces el mínimo de 50% requerido para la victoria, derrotando al líder comunista Guennady Zyuganov, al nacionalista Vladimir Jirinovsky, y al casi desconocido Andrei Bogdanov.
La credibilidad de estas elecciones ha sido duramente criticada.
La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que se negó a enviar a observadores a las elecciones parlamentarias rusas de diciembre, también decidió boicotear los comicios presidenciales, denunciando restricciones al trabajo de sus funcionarios.
La organización internacional de defensa de los derechos humanos Amnistía Internacional denunció esta semana «una represión a las libertades de reunión y de expresión».
Amnistía Internacional citó la «interpretación arbitraria de una legislación vaga» y «un creciente hostigamiento» bajo alegaciones de limitar una «supuesta influencia occidental».
Si tal como se espera fuera electo, Medvedev asumirá la presidencia de un país de 143 millones de personas que el veterano del KGB Vladimir Putin transformó desde que salió de la oscuridad, en 2000, para reemplazar a un enfermo e impopular Boris Yeltsin.
El principal exportador de energía del mundo ha utilizado sus crecientes ingresos procedentes de la venta del gas y el petróleo para reconstruir su poderío militar y pagar las deudas internacionales acumuladas luego de la caída de la Unión Soviética en los años «90.
Su confianza en materia económica apoya a una política exterior cada vez más agresiva, que ha enfrentado a Rusia con Estados Unidos y Europa occidental en muchas cuestiones internacionales. Recientemente, este antagonismo se vio exacerbado por el respaldo norteamericano y europeo a la independencia de Kosovo.
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El poderoso presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó que esperaba convertirse en primer ministro de su probable sucesor Dmitri Medvedev y esta dupla inédita se presenta llena de incógnitas y riesgos de tensiones.
Por un afán de «estabilidad», hacen campaña juntos. Y el programa electoral del delfín Dmitri Medvedev, de 42 años, actual viceprimer ministro, cuya victoria en las presidenciales del 2 de marzo no ofrece muchas dudas, se llama «Plan Putin».