Cartas en el asunto. Es en verdad asombrosa la cantidad de personajes, personalidades e instituciones diversas que deben o tienen la obligación o responsabilidad de tomar cartas en el asunto, según se deduce por el montón de declaraciones y reclamaciones en tal sentido que se escuchan a diario a través de diferentes medios. Se supone que las referidas cartas se encuentran a la mano o al alcance de los interesados o a quienes concierne y atañe el asunto en cuestión, y que sólo se trata de asirlas, cogerlas o agarrarlas, de forma educada y tranquila, pidiendo permiso pero con el interés que el caso amerita, y llevárselas a su casa u oficina, para examinarlas y estudiarlas a conciencia, hacer de dichas cartas algo propio y, pasados un par de días, actuar en consecuencia, o sea demostrar a los demás que se acepta, se toma plena conciencia, se comparte o se es parte del asunto, precisamente por haber tomado las cartas correspondientes, y mejor si es sin necesidad de apercibimiento alguno. Eso es todo.
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Nerón y Pilatos. En entrevista exclusiva con Nerón y Poncio Pilatos allá en ostentosos apartamentos del más selecto barrio del Averno, respecto a la pena de muerte en el país de la eterna, ambos personajes admiten que a estas alturas de la era cristiana les es imposible emitir una opinión objetiva, documentada, imparcial y sobre todo realista al respecto, a pesar de tener buenas referencias de individuos como Lucas García, Efraín el Genocida y Mejía Víctores -entre muchos otros- quienes condenaron a muerte a miles de guatemaltecos -que nunca fueron citados, oídos ni vencidos en juicio- sin necesidad de levantar el dedo pulgar ni mucho menos lavarse las manos.
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Menú mediático. Francamente, uno ya no sabe qué le interesa, impresiona o afecta más en el plano internacional de los acontecimientos de gran relevancia, si la renuncia de Fidel o el embarazo de la Yénifer López, si la incursión militar de Turquía en Irak o el embarazo de la Yénifer López, el calentamiento global o el embarazo de la Yénifer López, la liberación de más rehenes por las FARC de Colombia o el embarazo de la Yénifer López, la independencia de Kosovo o el embarazo de la Yénifer López… Insumos del mercado del espectáculo o el espectáculo del mercado para la moldeable (y vacilable) mente de uno como consumidor pasivo del menú que no aplica restricciones.
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Lecciones de humildad. Yo también, cada día, recibo variadas lecciones de humildad. En mi querido diario La Hora, por ejemplo, mi nombre es más bien desconocido, no obstante veintiún años de colaborar aquí. «Â¿Cómo se llama su columna» me preguntó la semana pasada la señorita al teléfono, cuando inquiría yo por un posible extravío de los originales, pues mi artículo no había aparecido publicado el día señalado, ni el siguiente, ni el posterior. Por mi barrio, en la cuadra donde yo vivo, talvez piensan que soy albañil o cartero (nobles oficios), y en el ámbito de mi familia mis aficiones literarias son poco menos que clandestinas, especie de vida secreta, un tanto ignominiosa. Entonces, en fugaces retrospectivas de reojo, adivino mis andamios sobre el vacío. Todo lo cual está dentro de cierta lógica y de acuerdo con las buenas costumbres, cabe aclarar. Nacemos sin nombre y la sociedad nos ninguniza. Humus somos. Y humo. «Hacer la obra, pero no afanarse por sus frutos», advierte el Baghavad Gita.