En contraposición a la unión está la división. La forma más fácil de afectar, derrotar a una familia, un pueblo, a una nación es la falta de cohesión; la división permite a los opositores destruirlos. La Torre de Babel solo es el clásico ejemplo de la falta de entendimiento, de la confusión e incomprensión en el logro de un propósito.
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El sistema democrático requiere claridad y unidad en los objetivos sociales. No puede existir una elevada pobreza sin que ello no afecte al resto de la población. El desarrollo del mercado requiere que la mayoría de habitantes tengan el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades, la falta de educación impacta en la posibilidad de producción y exportación
En Chile la concertación de varios partidos políticos con sus diferencias les ha permitido gobernar y lograr cada vez más su desarrollo económico social. Estados Unidos evidencia su agenda de nación y el consenso de objetivos, si bien demócratas y republicanos tienen discrepancias en el cómo.
La lucha, la rivalidad política debe darse durante el período eleccionario, pero terminado éste evento democrático, tanto en el Organismo Legislativo como al seno de los partidos, debe crearse y mantenerse un foro de comunicación, de búsqueda y coincidencia de soluciones nacionales.
Los partidos políticos individualmente no han logrado ser, ante la ciudadanía, el canal de representación y discusión de los problemas y soluciones nacionales, necesitan una instancia representativa, adecuada y organizada donde obligatoriamente se reúnan los secretarios generales y secretarios adjuntos, jefes y subjefes de bancada de cada partido. Para que exista y se desarrolle esta instancia sobran medios, la Unión Europea, la OEA y diferentes organizaciones estarían más que gustosas de apoyar este crisol.
Es inexplicable que los principales líderes políticos nacionales, sean candidatos presidenciales, vicepresidenciales, encabecen los listados nacionales al Congreso, no puedan civilizadamente reunirse durante los cuatro años de un gobierno para negociar y lograr las soluciones nacionales, donde puedan llegar a acuerdos que permitan elevar la carga tributaria, reducir la pobreza, el analfabetismo, mejorar la nutrición infantil, la seguridad social y la limitada capacidad de exportación del país; discutir y actualizar las normas políticas que mejoren el desarrollo democrático, encontrar los consensos de búsqueda del bien común.
Las cámaras de Comercio e Industria utilizan la experiencia y madurez de sus ex presidentes cuando los temas y necesidades lo requieren, igualmente lo hacen nuestras etnias con los consejos de ancianos. Por qué no aplicar la idea y crear un Consejo de Estado donde se reúnan quienes han ejercido la representación y unidad de la nación; es decir, presidentes y vicepresidentes; la experiencia, las ideas que aportarían pueden ser de suma utilidad al gobierno de turno, sin que ello signifique más que una caja de resonancia, Guatemala merece que superemos las divisiones y logremos las soluciones a través del diálogo.