Es probable que Barack Obama sea el próximo Presidente de la nación económicamente más poderosa del mundo, que ahora precisa de un alguien que la lleve por derroteros más humanos.
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Cuando ya hace más de tres siglos, los primeros inmigrantes que pisaron tierra norteamericana eran, en su gran mayoría WASP (White Anglo Saxon Protestant). Esa característica fue la representativa de los gringos de hasta no hace muchos años, hasta cuando la inmigración de otras razas y religiones principió a ejercer sus influencias.
Es así que cuando se hablaba de un gringo, uno se imaginaba a un blanco, anglosajón y protestante. John F. Kennedy rompió con la tradición protestante y fue el primer Presidente que no lo era, y ahora, con Barack Obama, se romperá con la característica anglosajona del WASP.
Indudablemente hay todavía muchísimos gringos que resienten esa idea y que son fieles creyentes del poder blanco (White Power) y que, llevados a un extremo fanático son representados por el Ku Klux Klan de los estados del Sur estadounidense y que es una sociedad secreta, organizada para promocionar la supremacía blanca. Esa secta fanática nació en Georgia después de la guerra civil que fue en donde la esclavitud sentó sus reales.
Cuando durante 1956 con la Lila, mi mujer, y nuestros tres hijos vivíamos en Nashville, Tennessee, y yo estudiaba en la Universidad de Vanderbilt todavía estaba vigente una discriminación hiriente en contra del negro.
En los buses a los negros los sentaban en los asientos traseros, en restaurantes y lugares públicos había baños separados para la gente de color, y en los parques los juegos infantiles para los blancos no podían ser utilizados por los negritos. Era algo desagradablemente impresionante.
No hace muchos años atendí en la Emergencia de nuestro hospital a un adolescente norteamericano a quién había que hacerle un procedimiento algo doloroso, y a quién su padre, para darle valor, le repetía «remember the white power» lo que me hizo notar la todavía presente creencia en la diferencia entre blancos y negros, creencia en la que todavía creen algunos gringos. Sin embargo, por allí anda vigente y en nuestros actuales momentos, es asumida y vivida por algunos de esos WASP, especialmente sureños que no pueden aceptar que un negro pueda llegar a ser su Presidente.
Fue algún fundamentalista del Ku Klux Klan quién asesinó al pastor negro Martin Luther King quien, al estilo de Ghandi, luchó pacífica y tesoneramente en contra de la discriminación.
Por ello es que con la Lila platicamos, con temo, de una temida probabilidad de que algún fanático fundamentalista atente un día de éstos en contra de la vida de Barack Obama.
Al escribir esta columna me asalta la idea de estar presagiando algo que ojalá no llegue a ocurrir. Y no es que piense que con ello esté yo sugiriendo malas ideas a gentes que no las tienen, por el contrario, creo que esta desafortunada idea ya ronda en las mentes de más de algunos fanáticos fundamentalistas del Klan.
Los partidarios de Obama están ya, a no dudar, muy conscientes de esa posibilidad y ya habrán tomado las medidas de seguridad correspondientes. Sin embargo, cuando se unen las fuerzas del mal así como se unieron en contra de John y su hermano Robert Kennedy y que acabaron con sus vidas, es que uno piensa que solamente es efectiva la protección de Dios.
Ojalá que Barack Obama gane la Presidencia y que el Señor le conceda larga vida.