La unidad es fundamental dentro de una pareja, una familia y también dentro de un grupo social y político. De niño mi libro de lectura era una joya cuyo contenido eran fábulas, que no sólo desarrollaba nuestra habilidad de lectura sino nos inculcaba conceptos y principios.
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Al abordar este tema, viene a mi mente la historia de un padre responsable, firme y amoroso con su prole, quien al considerar que su vida está al final llama a sus nueve hijos y les dice: «He decidido heredar todo lo que he construido y producido a uno de ustedes, aquí hay un lío de nueve varas de bambú, el que las rompa en un solo intento es mi heredero». Ansiosos, los hijos hacen el intento y ninguno lo consigue. Ante el hecho, el padre toma el lío, lo desanuda y rompe una a una las varas. Los hijos le dicen: «Así cualquiera de nosotros las podría haber roto» y el padre les responde: «Precisamente, separadas -igual que ustedes- son fáciles de romper, unidas les fue a todos imposible y por ello es que todo lo que he luchado por construir toda mi vida se los entrego a los nueve juntos, si se mantienen unidos nadie podrá destruirlos».
La sociedad es un tejido, es una organización que nos permite agruparnos y buscar dentro de su seno las soluciones para lograr el bien común. Dentro del sistema democrático, el rol, el crisol del pensar y del actuar político debe encausarse a través de los partidos; así como los temas gremiales y productivos se deben discutir en las cámaras y asociaciones empresariales. Tristemente en nuestro país a los ciudadanos se les ha condicionado para que sientan aversión a la partición en la discusión y búsqueda de las decisiones políticas, que nos lleven como sociedad a un mejor estado, pregonando que la política es mala, que los políticos son poco leales, poco sinceros y que participar en la política es un hecho deleznable.
Con ese criterio maquiavélico, de que no se participe en política, se busca que los grupos ocultos, que esas dos o tres familias que ambicionan el poder pero que no dan la cara, eviten que la democracia funcione, que no discutamos y busquemos el consenso, que no participemos activamente como ciudadanos en un partido político. Guatemala no superará sus problemas sino logramos la intermediación política y social.
Buscando sus intereses y beneficios gremiales, existen cámaras y asociaciones empresariales de comercio, industria, finanzas, agricultura-; también asociaciones de azucareros, licoreros, aceiteros, caficultores, cañicultores, avicultores, etc. Para coordinar intereses intersectoriales, muchas veces contrapuestos entre comercio e industria o azucareros y cañicultores crearon CACIF. Por su ambición de poder no se limitaron a eso y paulatinamente pasaron a pretender sustituir o suplantar en parte a los partidos políticos en los temas nacionales. CACIF dejó de estar integrado por empresarios y se conformó por profesionales a sueldo, pasó a ser un parapeto, adicionalmente se integraron grupos élites que ya no son representativos del pequeño y mediano empresario, son entes semiocultos que invierten millones de millones para pretender gobernar en su beneficio particular y ser el poder detrás del trono de los gobiernos.
Los partidos políticos deben buscar las coincidencias que los unen: el combate a la delincuencia, la superación del analfabetismo, el mejoramiento de la salud y la reducción de la pobreza; en síntesis, el desarrollo social, el bien común, asumiendo su rol permanente de intermediación y no sólo el de vehículo electoral.