Estudios recientes muestran que las muertes de los niños menores de 5 años, usualmente están relacionadas al grado de desnutrición que presentan y que los hace vulnerables a enfermedades que podrían ser prevenidas y curadas. En Guatemala, muchos de los casos de muertes por desnutrición se esconden tras otros padecimientos y enfermedades provocados por la insuficiente ingesta de nutrientes básicos
Partido de Avanzada Nacional –PAN–
Las causas de la desnutrición crónica en los niños, se debe a que los padres de familia descuidan el peso de sus hijos y es difícil que los infantes recuperen su talla. Aunque otras causas de la desnutrición se originan por el reducido consumo de alimentos que son fuentes de proteínas, debido a las limitadas condiciones económicas; así como por el elevado número de hijos por familia, lo que impide que el presupuesto familiar alcance para lo necesario, aunado a la falta de empleo de los padres de familia.
Se considera que la desnutrición infantil tiene causas genéticas profundas en muchos casos, en los que los niños nacen desnutridos por ser producto de embarazos de madres muy jóvenes y con niveles de desnutrición severos.
En ese sentido, las condiciones de desnutrición provocan que se debilite el sistema inmunológico de los menores de edad y sean susceptibles a ser víctimas mortales de enfermedades infecto-contagiosas o respiratorias principalmente.
La oficina en Guatemala del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) denunció recientemente que la desnutrición crónica que padecen los niños guatemaltecos ha llegado a niveles críticos al alcanzar el 49,3% de la población infantil del país, la mayor tasa de desnutrición infantil del continente, y el sexto lugar de desnutrición crónica en el mundo.
Manuel Manrique, representante de Unicef en Guatemala, dijo que el crecimiento de la desnutrición crónica ubica al país en el nivel más alto de América Latina, superando en más de 19 puntos el promedio mundial, que es del 30%. Manrique agregó que estas cifras colocan a Guatemala en una situación peor que la de Haití, Bolivia o Perú en estos indicadores.
En el caso de la población indígena, la situación es más complicada debido a que los niveles de desnutrición crónica son del 70%, el doble de los niños no indígenas, cuya cifra se sitúa en el 35,7%; y hay algunos municipios de población indígena, como en San Pablo la Laguna, donde la incidencia de la desnutrición crónica es del 82%.
Según estadísticas de la Secretaria de Planificación Económica SEGEPLAN el 50% de los 13,3 millones de guatemaltecos son niños y adolescentes de cero a 17 años de edad, el 63,9 % de estos vive en condiciones de pobreza, y el 19,2 en pobreza extrema, siendo los indígenas (el 82,4 %) los más afectados, lo que posiciona a Guatemala en el cuarto puesto mundial por pacientes en esas edades con desnutrición crónica, causante de retardo en el crecimiento, mientras la desnutrición aguda es la de más riesgo de muerte y requiere una atención médica inmediata.
Por su parte, María Claudia Santizo, oficial de nutrición de la UNICEF destacada en Guatemala contabiliza 11 mil 83 casos de desnutrición aguda, entre severa y moderada, con 56 fallecidos de los llegados a hospitales en un estado avanzado de malnutrición, algunos menores de seis meses de nacidos.
La ONU asegura que Guatemala tiene la mayor tasa de desnutrición infantil del continente. El 49,3% de los menores de cinco años padecen de desnutrición crónica.
De acuerdo con lo anterior, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, se deben tomar medidas inmediatas para dar solución a tan espantosa realidad, que ataca a casi la mitad de los seres más indefensos de la sociedad, nuestros niños.
Es necesario, de inmediato implementar políticas de Estado, institucionalizando programas sociales consistentes en asistencia médica y alimentaria, así como educativos y económicos, el combate a la desnutrición debe de hacerse desde varios frentes, creándose para el efecto, centros de ayuda multidisciplinarios.
Guatemala, fue pionera en el estudio de alimentos fortificados para prevenir la desnutrición, en 1954 el Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá –INCAP– bajo la dirección del doctor Ricardo Bressani, produjo la INCAPARINA, un “atol†a base de harinas de maíz y algodón enriquecido con vitaminas y minerales, que tuvo magníficos resultados en el combate a la desnutrición en muchos países del mundo, al igual que la galleta de INCAPARINA utilizada en los años 70´s. No encontramos ninguna razón que nos impida volver a utilizarla en un programa agresivo contra la desnutrición infantil.
Se debe velar porque los niños y sus madres reciban del Gobierno, las raciones alimentarias necesarias para nutrirse adecuadamente, sobre todo en las regiones geográficas más castigadas por los accidentes climáticos, tal el caso del corredor seco.
Se debe asegurar el manejo transparente y adecuado de los programas sociales, erradicando la corrupción en las compras, licitaciones, cotizaciones y contrataciones del Estado, de igual manera, garantizando la idoneidad y capacidad de las personas que tengan a su cargo el manejo y administración de los mismos, para evitar que dichos programas se presten a la corrupción y no cumplan con su objetivo principal que es el combate a la desnutrición infantil.
Adicionalmente, de manera paralela, se hace necesaria la creación de centros multidisciplinarios, para trabajar con las familias, en su propia comunidad, los cuales se encargarán del diagnóstico y control nutricional, evaluando a los menores en relación peso-talla para determinar su estado nutricional, así como la promoción de la lactancia materna. Para un efecto preventivo óptimo, los servicios deben de prestarse a través de visitas domiciliarias, para el diagnóstico rápido de la desnutrición, evitando llegar a casos críticos.
La educación se convierte en un factor determinante en la lucha contra la desnutrición infantil, entendiendo que este es un proceso de más largo aliento, que precisa la educación de las madres y todos los integrantes de la familia, habrá que fortalecer los programas educativos a través del Ministerio de Educación, así como diseñar programas de formación técnico-práctico, que permita desarrollar trabajos que generen ingresos económicos a la familia.
El combate a la desnutrición, debe ser un compromiso de Estado, en el que tenemos que involucrarnos todos los guatemaltecos, pero debemos estar conscientes que este flagelo no se terminará mientras las razones que lo provocan no se terminen, estas razones son la pobreza, la falta de oportunidades y empleo, por lo que únicamente cuando logremos el desarrollo económico a través de la inversión nacional y extranjera para generar empleos, y el desarrollo rural, a través de los microcréditos, las semillas mejoradas, insumos, sistemas de minirriego y la capacitación permanente para que todos los guatemaltecos sean capaces de obtener los recursos económicos que les permita llevar el alimento y los servicios de salud a sus familias, podremos estar en el camino para terminar con la desnutrición infantil.
Sin embargo, la lucha debe comenzar ahora, proveyendo los alimentos básicos a las madres y los niños menores, en un verdadero proyecto de apoyo del Estado para quienes han sido abandonados y olvidados durante tantos años, debemos empezar de inmediato, utilizando de manera honesta y racional los recursos del Estado que ahora se pierden en corrupción y malos manejos.
Es importante que cualquier esfuerzo que se realice para combatir la desnutrición infantil, debe de complementarse con una serie de programas que tiendan a mejorar la calidad de vida de las familias de escasos recursos, ofreciendo soluciones también al problema habitacional, la falta de servicios sanitarios, de desocupación y el desempleo, embarazos en adolescentes, etc.
Estamos conscientes que la buena nutrición puede cambiar el futuro de la niñez guatemalteca, mejorando su desarrollo físico y mental, estableciendo bases sólidas para que el día de mañana sean parte de la fuerza productiva del país, por lo que nuestro gobierno tiene un compromiso con Guatemala para combatir con todos los mecanismos a nuestro alcance, la desnutrición infantil.