Más vehí­culos, menos red vial


En la vida todo es transitorio. Al término de las vacaciones escolares vuelven a ser atrapados los automóviles. El crecimiento de éstos hasta cerrados los ojos se percibe. Pero no así­ a ese nivel la red vial capitalina cada vez viene a ser menor ni vuelta de hoja. Asombra en realidad la diferencia abismal que se inscribe en un notoria desequilibrio.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Atascos gigantescos durante las horas pico, ahora más prolongadas, según Amí­lcar Montejo, jefe de análisis de la PMT metropolitana. Puesto también, fruto de modernas y rimbombantes clasificaciones de la Municipalidad. Tal perí­odo diario sostenible resulta responsable del nudo ciego perjudicial de apologí­a.

Datos sobre el particular ya no causan extrañeza. El parque vehicular señala frí­amente el vocero en mención, crece un 15% anual, mientras la red vial lo hace a un ritmo de 1.2% en los últimos 25 años. Resulta un desbalance monstruoso y agresivo de esos que originan innumerables sucesos traducidos en un clima dañino.

Tiene su raí­z profunda como la suerte de los sin suerte, debido al desmedido crecimiento poblacional que viene arrastrándose después del terremoto del año 76. Fenómeno imparable, capaz de situarnos en los terrenos de la teorí­a de Mhatus. lejano de presagios y pesimismo a ultranza, tampoco imposible.

Más pobladores capitalinos hacen denodados esfuerzos como mantenidos por agenciarse del suspirado vehí­culo propio, de cara a la cotidiana movilización. Ponen en consecuencia su cuota cuantificable de congestionamiento vial, por obra y gracia de la necesidad observable hoy en dí­a en el medio ambiente contaminado.

La tapa del pomo es colocada por verdaderos hormigueros de conductores de motos y bicicletas, protagonistas a menudo de imprudencia temeraria, de secuelas temibles. Circulan haciendo auténticas cabriolas, presos del ritmo actual de vida acelerada, entre los vaivenes y relajos a más y mejor.

El discutido y controversial transporte urbano colectivo genera problemas a montones, igual induce a buscar por lo tanto el medio más adecuado, cómodo y seguro. Lleva años de ser subsidiado, sin embargo, ninguna mejora exhí­ben en general las referidas unidades de museo, empero entre tumbos y percances uno tras otro.

Tan crí­ticas circunstancias de atraso, al correr de los años demuestran que caminamos para atrás, a semejana de mi amigo el cangrejo. Ello para sostenible tormento del enorme número de usuarios que viajan a diario en condiciones infrahumanas, propensos a ser ví­ctimas de casos repudiables.

Elemental taxonomí­a clasifica de lleno y en directo a los 150 mil automotores que al circular provocan serios embotellamientos. A golpe de rueda se desplazan, mientras que transcurre la amargura del rejol, en la mayorí­a de veces hasta por espacio de tres horas. Todo por el desaforado crecimiento del parque vehicular.

Eso mismo de suficientes elementos de juicio hijo de vecino, en el sentido que calles y avenidas ya no se dan abasto. Máxime los fines de semana hábiles. Afecta muchí­simo también el hecho de quedar verados algunas unidades tipo pesado. Tienen percances armándose la de no te menees.

Visto está que no bastan los pasos a desnivel y ensanchamiento de arterias de flujos superiores. Hubo planes ambiciosos como fantasiosos de construir tramos sobre la red existentes, en punto neurálgicos. En resumen ya no cabe el parque vehicular en demasí­a en la red vial insuficiente. Hay clamores, pero nada de nada.