A un año del catastrófico hundimiento en el barrio San Antonio de la zona 6 capitalina, los afectados continúan sumidos en una crisis económica y emocional.
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Eran las 9 de la noche del 22 de febrero de 2007 cuando Giovanni Revolorio, vecino del barrio San Antonio, percibió una fuerte vibración en el suelo que le dejó atemorizado; 15 minutos después se podía observar un hundimiento de 50 metros de diámetro que había succionado a tres casas del vecindario.
El sistema de drenajes había colapsado y uno de los colectores había explotado; sin embargo las autoridades ya habían sido notificadas desde tres meses antes de fuertes vibraciones y sonidos en el área que provocaban intranquilidad en los vecinos; pero no atendieron el llamado.
Después de la tragedia
«Ese día marcó una nueva etapa en mi vida y la de mis vecinos», dice Revolorio, quien esa noche fue trasladado junto con su familia a un albergue improvisado por la Policía Nacional Civil para atender a los vecinos que salieron de las casas que se encontraban en el perímetro de riesgo.
«Fueron días difíciles, teníamos poca comida, dormíamos en el suelo y hasta recuerdo que teníamos que firmar cada vez que nos daban un vaso con agua o un pañal para los bebés», afirma María Cristina Revolorio.
Después de tres meses de permanencia en el albergue, las 760 personas evacuadas tuvieron que buscar una solución al problema de la vivienda, pues la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) declaró el área «restringida».
Carmen López comenta que la mayoría de afectados tuvo que buscar asilo con familiares, pero ella solicitó varios préstamos para arrendar un apartamento para vivir con su hija, lo que le causó desestabilidad económica, pues su presupuesto se redujo considerablemente.
Sin embargo, asegura que prefiere vivir con escasos recursos y no regresar al barrio San Antonio, pues teme por su seguridad y la de su hija. «Tengo miedo desde esa noche, porque creí que todo se iba a hundir».
Pese a que ya no vive en su propiedad de la zona 6, López reclama que la Empresa Municipal de Agua continúa cobrando una mensualidad por el agua potable, así también la empresa eléctrica le cobra una tarifa aunque el servicio no esté funcionando.
Prometen soluciones
Después de un año de la tragedia, Alejandro Maldonado, secretario ejecutivo de Conred, asegura que en 15 días el agujero será rellenado en su totalidad y probablemente en los primeros 15 días de abril se concluyan con los trabajos de reconstrucción.
Esto será posible, afirma Maldonado si el Congreso aprueba una ampliación de 22 millones de quetzales al presupuesto de reconstrucción, que actualmente es de Q30 millones, asimismo refiere que será necesario investigar a las constructoras Geocimsa, Metroconstrucciones y Kirios, contratadas por la anterior administración de Conred para los trabajos en el hundimiento, puesto que existen anomalías en sus contratos.